Jazmín Abdala

Nunca supe cómo presentarme. Tal vez era vergüenza o miedo. Pero cuando me mudé a Baradero, dejé de esconderme; me animé a ser. A los 12, el azul en mi pelo gritó por mí. Y aprendí que rebelarse también es comunicar.
Crecí entre preguntas sin respuestas y CDs de rock sonando. Descubrí que mi voz no era un ruido: era mencionar lo que otros callaban. Hay días que me dicen rebelde, yo respondo: “sensible”. Porque entendí que ser intensa no es un error; es mi manera de existir. No sé aún cómo cambiar el mundo, pero sonrío todos los días, como quien abraza sin hablar.