Sociedad

¿Y si el potrero también era queer?

"Gol en contra" es un corto que da vuelta la cancha para imaginar una historia de amor que parecía imposible. Aún antes del rodaje, ya tiene cientos de fans que esperan su estreno.

La película todavía no se filmó y ya tiene fandom. Gol en contra, el cortometraje de seis estudiantes de Diseño de Imagen y Sonido de la FADU-UBA, llegó a las redes con una premisa que parece salida de Wattpad, pero está plantada en uno de los territorios más argentinos posibles: Renzo, juvenil de Boca, se enamora de Lautaro, jugador de River. Después de un partido, un video íntimo se filtra y convierte una relación secreta en un problema público. Los reels y tráilers de @offsidefilms_ se viralizaron antes del rodaje y lograron algo poco habitual para una producción universitaria: construir una audiencia antes de tener película.

La historia funciona porque entiende el código. Boca y River no son solamente dos camisetas: son familias, barrios, herencias y una rivalidad que se aprende desde chico. En ese escenario aparece un enemies to lovers con todos los elementos del género: dos pibes que deberían estar enfrentados, una atracción que no estaba en los planes y un secreto capaz de romperlo todo. Renzo, interpretado por Mashin, es una promesa del fútbol e hijo de un exjugador; tiene la presión de sostener un apellido y una imagen. Lautaro, interpretado por Alexis Tear, aparece desde un registro más sensible y reservado. Las playlists que armó la producción terminan de completar el retrato: canciones de Taylor Swift, Lana del Rey, Babasónicos, Wos, Miranda!, Bad Bunny o Young Miko funcionan como pistas de lo que los personajes sienten cuando dejan de ser futbolistas.

Pero el verdadero escenario de la historia es anterior a Boca y River: el potrero. Ahí no solamente se aprende a jugar. También circulan códigos sobre el cuerpo, la competencia, la amistad y lo que significa ser varón. El investigador Pablo Kopelovich estudió precisamente la relación entre fútbol y masculinidades en una escuela secundaria bonaerense y registró cómo determinadas prácticas deportivas reproducen atributos asociados a una masculinidad legítima: fuerza, heterosexualidad, competencia y distancia respecto de lo femenino. Gol en contra coloca el deseo entre dos varones dentro de ese universo. No hace falta convertir al fútbol en villano: alcanza con mostrar qué ocurre cuando dos jugadores pasan de abrazarse como compañeros a tocarse con otra intención.

La directora Valentina Signoli y su equipo ya habían explorado esa idea en "Entre sables y miradas", un corto de 2023 que imaginaba una relación entre Manuel Belgrano y José de San Martín a partir de sus cartas. La búsqueda era llevar personajes y símbolos argentinos a lugares donde las historias queer no suelen aparecer. Con Gol en contra, el salto fue directo al fútbol. Pero hay una diferencia importante: la homosexualidad no funciona como el conflicto central. El conflicto aparece cuando alguien filtra un momento íntimo y obliga a los protagonistas a decidir qué hacer con su exposición. La producción eligió una comedia romántica en lugar de repetir el relato donde una historia LGBTQ+ necesariamente termina asociada al dolor.

Mashin, que interpreta a Renzo, contó que es la primera vez que trabaja un romance con otro varón. No lo planteó como una “actuación gay”, sino como un personaje al que intenta comprender desde sus propias emociones. Después de la viralización recibió insultos, mensajes homofóbicos y comentarios políticos absurdos, pero también mensajes de personas de la comunidad y amigos que celebraron el proyecto. La reacción mostró que la historia había encontrado un público dispuesto a involucrarse incluso antes de verla.

Y ahí aparece Wattpad. Slash, fanfiction M/M, shipping, BL, edits, playlists y gaycore no son modas aisladas: forman parte de una cultura digital que lleva años construyendo romances alrededor de personajes masculinos. Las lectoras y creadoras de fanfiction convirtieron ese consumo en participación: escriben finales alternativos, emparejan personajes, inventan escenas, editan videos y musicalizan relaciones que ni siquiera existen en la historia original. Gol en contra llega a un público que ya sabe leer esos códigos. La diferencia es que esta vez el ship no nació de dos personajes ficticios de una serie: nació entre un bostero y una gallina.

Después viene el problema que no se resuelve con un edit de TikTok: la plata. La producción necesita entre 10 y 15 millones de pesos, además de canchas, vestuario, equipamiento y contactos para poder rodar. El plan es filmar entre octubre y noviembre, presentar la obra como tesis en la FADU y llevarla después a YouTube. Son seis estudiantes intentando levantar una producción de entre 20 y 30 minutos mientras buscan financiamiento. En un sector audiovisual atravesado por la discusión sobre fondos, subsidios y acceso a la producción, también hay una generación que aprendió a hacer campaña desde Instagram: mostrar el proyecto, conseguir una locación por redes, pedir un contacto, vender un cafecito y convertir seguidores en productores.

La nueva generación ya se puso la diez. No está esperando entrar al cine por la puerta principal para empezar a contar sus historias: las está probando, compartiendo y financiando desde internet. Gol en contra tiene fútbol, rivalidad, deseo y una comunidad que ya hizo suyo el proyecto. Ahora falta lo más difícil: conseguir que ese universo salga de Instagram y llegue a la cancha.

Porque el potrero siempre tuvo historias.

La pregunta es quiénes tuvieron permiso para contarlas.

Imagen de tapa: Emma Jamardo
Imágenes de nota: @offsidefilms_

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