Sociedad

Una leona que lleva las Malvinas a lo más alto

La selección femenina de hockey siempre pone la bandera argentina en el podio, pero dentro del plantel aparece una historia de vida particular: la de Agustina Gorzelany, hija de un combatiente y referente de la defensa de Las Leonas.

Hay historias que empiezan mucho antes de una cancha y que, sin embargo, encuentran en el deporte una de las formas más poderosas de continuar. La de Agustina Gorzelany es una de ellas. Este jueves 27 de agosto, la defensora volvió a vestir la camiseta de Las Leonas en una semifinal mundialista y fue parte del equipo que derrotó 1-0 a Australia para meterse nuevamente en la final de la Copa del Mundo. El gol de Julieta Jankunas llegó en el último cuarto, después de una jugada preparada de córner corto que tuvo a Gorzelany como una de sus protagonistas. Argentina volvió a estar entre las dos mejores selecciones del mundo y el sábado enfrentará a Países Bajos por el título.

En su espalda lleva el número 3, un dorsal que utiliza desde sus primeros años en el hockey y que terminó adquiriendo un significado familiar inesperado. Su padre, Alejandro Gorzelany, fue combatiente durante la Guerra de Malvinas y utilizó un casco que tenía grabado ese mismo número. El casco había quedado perdido después del conflicto hasta que, décadas más tarde, un veterano británico llamado Edward Goodall se contactó con Alejandro y le contó que lo tenía. En 2018, el excombatiente argentino viajó a Plymouth para recuperarlo personalmente.

Fue después de aquel reencuentro cuando la familia descubrió la coincidencia. El casco de Alejandro llevaba el mismo 3 que Agustina había elegido para su camiseta. Lo que hasta entonces parecía un número más pasó a convertirse en un vínculo entre dos generaciones y entre dos momentos completamente diferentes de una misma historia familiar. Para Gorzelany, ese descubrimiento modificó incluso la manera de entender su propia camiseta: ya no era solamente el número con el que la reconocían dentro de una cancha, sino también una forma de sentir cerca a su padre y de llevar consigo una parte de su historia cada vez que representaba a la Argentina.

La historia tiene una particularidad que la vuelve todavía más significativa. Malvinas suele aparecer en el imaginario argentino vinculada a los grandes símbolos nacionales y, especialmente, al fútbol. Pero la identidad de un país no se construye en un único estadio ni alrededor de un solo deporte. También se construye en una cancha de hockey, en una selección femenina y en las historias personales de las deportistas que llevan una camiseta argentina. Las Leonas son, desde hace décadas, una de las expresiones más importantes del deporte nacional y una referencia para miles de jóvenes que encontraron en ellas una forma de imaginarse también como protagonistas del deporte.

Gorzelany representa justamente esa dimensión. Una mujer también puede convertirse en protagonista de una historia nacional desde el deporte que eligió, desde su esfuerzo y desde una camiseta que, para ella, tiene una historia que comenzó mucho antes de su propia carrera. El número 3 no convierte a Agustina en otra persona ni cambia la naturaleza de lo que ocurre dentro de una cancha, pero sí le permite establecer un puente entre su presente y una historia familiar marcada por Malvinas.

Y allí aparece una de las dimensiones más interesantes del deporte la capacidad que tiene de construir comunidad. Alrededor de una camiseta se encuentran personas que no necesariamente se conocen, generaciones diferentes y experiencias que, fuera de ese momento, quizás nunca tendrían un punto de contacto. El deporte crea símbolos compartidos y permite que una historia individual pueda transformarse en una experiencia colectiva. Por eso las imágenes de una selección nacional tienen una fuerza que muchas veces excede al resultado por que quienes están dentro de la cancha representan también a quienes están mirando desde afuera.

En el caso de Las Leonas, además, esa construcción de identidad tiene una dimensión profundamente vinculada con el lugar de las mujeres en el deporte. Durante mucho tiempo, las grandes narrativas deportivas argentinas estuvieron concentradas principalmente en figuras masculinas y, sobre todo, en el fútbol. Las Leonas modificaron esa mirada. Sus títulos, sus derrotas, sus referentes y sus generaciones de jugadoras construyeron una historia propia dentro del deporte argentino. Cada vez que una de ellas entra a una cancha con la camiseta celeste y blanca, también amplía la idea de quiénes pueden ser protagonistas de una representación nacional.

Para Gorzelany, el presente deportivo también es el resultado de una trayectoria construida durante años. Nacida el 11 de marzo de 1996, comenzó a jugar al hockey desde chica y encontró en San Martín el lugar donde desarrollaría su carrera. Su crecimiento la llevó a Las Leoncitas, con las que se consagró campeona mundial junior en 2016, y poco después llegó su debut con Las Leonas. Desde entonces se convirtió en una especialista en córners cortos y en una de las goleadoras importantes de la selección. En este Mundial también tuvo actuaciones decisivas por que marcó dos goles frente a Alemania y otros dos ante España durante la segunda fase.

Quizás por eso el deporte puede tener un papel tan importante en la construcción de memoria. No reemplaza a la historia, no sustituye los homenajes ni puede resolver por sí mismo las heridas que deja un conflicto. Pero puede ofrecer nuevos espacios para recordar. Puede permitir que una generación que no vivió determinados acontecimientos los conozca a través de las historias de quienes estuvieron allí y, al mismo tiempo, pueda construir su propio vínculo con el pasado.

El sábado, cuando Agustina Gorzelany vuelva a entrar a una cancha para disputar una final del mundo, el número 3 estará nuevamente en su espalda. Frente a ella estará Países Bajos, uno de los grandes rivales históricos de Las Leonas, y Argentina tendrá la posibilidad de volver a conquistar el título mundial.

Fotos: CAH

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