Opinión

Un Estado ausente también mata

Los recientes casos de femicidios ponen nuevamente el foco en la necesidad de generar iniciativas de respaldo desde el Estado. En esta columna de opinión, nuestra corresponsal Erika Lim se pregunta sobre la lentitud de la reacción de la Justicia.

Por Erika Lim.

¿Cuántas denuncias son suficientes? A menos de un mes del femicidio de Brenda, Morena y Lara, el sábado 11 de octubre Luna Giardina y su madre Mariel Zamudio fueron asesinadas por Pablo Laurta, quien  también es el principal sospechoso del asesinato de Martín Palacios, remisero que contrató para su fuga luego del femicidio.  

Luna sufría violencia constantemente durante su relación; ya había denunciado múltiples veces, pedía ayuda en redes sociales y contaba con un botón antipánico. Su último grito de auxilio fue el 2 de septiembre a una vecina. 

El asesino es el fundador de Varones Unidos, una organización anti-feminista en contra de las “denuncias falsas de violencia de genero”. Ya contaba con antecedentes de violencia y un historial en redes sociales que delataba su misoginia. Constantemente publicaba en sus perfiles que la justicia cordobesa tenía secuestrado a su hijo y era explotado por su madre por tenerlo encerrado.  

El femicidio fue fríamente premeditado. El viernes de esa misma semana vencía la perimetral que le había puesto Luna, y la invitó a festejar el cumpleaños de su hijo ese fin de semana a una estancia en Uruguay, amenazándola con que si no quería ir iba a mandar al abuelo a llevarse a su hijo hasta el país sin su consentimiento.

Luego de cometer el crimen, salió a jugar a la pelota con su hijo a la vereda, totalmente impune, pero teniendo en su conciencia que le acababa de quitar la vida a dos personas. “Yo sé lo que hice”, dijo. Su justificación fue que había ido a rescatar a su hijo y que está en paz porque su hijo está seguro. 

En un contexto donde los discursos de odio crecen sin freno, como el movimiento “Red Pill” y comunidades online de “Incels”, este caso pone en agenda la necesidad de políticas públicas para los derechos de las mujeres urgentemente. 

No es un caso aislado, ya son 178 femicidios en lo que va del 2025 según los datos del observatorio Ahora Si Que Nos Ven y siguen aumentando. Esto es solo la punta del iceberg. Debajo, hay un sistema corrompido y un Estado ausente que desmantela protecciones y falla en proteger a las mujeres. La disolución del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, y el desfinanciamiento de línea 144 reflejan el desinterés por prevenir la violencia de género.

No es coincidencia que este tipo de organizaciones radicales estén en su apogeo y gradualmente estén pasando de ser comunidades en un nicho de Internet a manifestarse en la vida real cada vez más. Estas personas se sienten cómodas promoviendo sus discursos anti derechos porque hay un Estado por detrás que tolera y avala estos discursos, generando una sociedad cada vez más machista que decide mirar para un costado y salir a hablar cuando es demasiado tarde. 

Mientras no cambiemos el sistema vamos a seguir escribiendo las mismas líneas, solamente cambiando los nombres de las víctimas. Aún así, hay mujeres que no se resignan y organizaciones como Ni Una Menos siguen luchando para sembrar conciencia y cambiar el futuro.   

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