Inclusión

Tenía que ser una mujer: hipotecó la casa para salvar al club

Nuestra corresponsal Mora Caamaño nos reveló la historia de Edith Pecorelli, la hincha de Temperley que llegó a ser la primera presidenta de un club de fútbol. Esta crónica fue producida en el Taller "Narrativas de la Pasión" de Buena Data.

Una mujer de unos setenta años, con pelo corto y sencillo, mira a la tribuna con los ojos llorosos y con una mano en el corazón. En su mirada hay mucha historia. Observa a los hinchas como si estuviese cumpliendo un sueño, llena de amor y orgullo. Sus gestos parecen los de una deportista que recuerda el sacrificio que hizo para llegar hasta ahí, cuando está a punto de jugar un partido que la consagra. Camina hacia un listón celeste y lo corta a modo de inauguración. Tiene puesta la camiseta del Club Atlético Temperley. Está acompañada por los dirigentes del club y por Claudio "Chiqui" Tapia. Detrás de ellos se ve un cartel que dice “Platea Edith Pecorelli”. ¿Cómo es que un club de fútbol elige el nombre de una mujer para su platea? Lo cierto es que esta historia comienza bastante tiempo atrás.

Edith nació a tres cuadras del Club Atlético Temperley y vivió allí su infancia y adolescencia. A los ocho años empezó a nadar en la pileta, luego a jugar al básquet y en la adolescencia colaboraba con la producción de carnets en la administración. Según Edith, lo mejor que hizo en su vida fue jugar al básquet. Fue una basquetbolista destacada y logró integrar la Selección Argentina a los 18 años.

Su pasión por el fútbol inició cuando era muy pequeña. A los seis años empezó a jugar a la pelota con un grupo de amigos de su hermano. Eran todos varones, la única nena era ella. Le encantaba jugar al fútbol, pero la ilusión de convertirse en futbolista profesional terminó muy pronto. Su hermano le dijo que no podía ir más, porque los chicos lo burlaban. Luego en la adolescencia los días que había partido Edith espiaba desde afuera con cautela, escondida detrás del mástil y antes de que terminara salía corriendo para que no la vieran. Su papá no quería que ella fuera a la cancha porque “el fútbol era cosa de varones”. El mismo argumento se repetía una y otra vez: si sos mujer el fútbol no es para vos.

Pero Edith insistió. Siguió yendo a la cancha y se volvió fanática de Temperley. En la adultez iba a ver los partidos todos los fines de semana, hasta que en 1991 la convocaron a una reunión para contarle que el club estaba en quiebra. En los años 90 “el Cele”, como lo llaman sus hinchas, estuvo a punto de desaparecer. Desde hacía tiempo el club venía atravesando problemas económicos. Ya con una sentencia de quiebra en abril de 1991, el juez José Durañona determinó la prohibición de la práctica activa del fútbol, la libertad de acción de todos sus jugadores y el cierre del club.  

Salir de la crisis: el caso del club Temperley

El Club Temperley estaba cerrado y los yuyos de la cancha crecían sin freno. Llegaron a medir más de un metro. El abandono era desolador para aquellos que habían habitado sus instalaciones. Algunos pasaban por la entrada del club y lloraban desconsolados frente a la incertidumbre de perder para siempre el lugar que consideraban su segunda casa. Un grupo de socios, lejos de quedarse de brazos cruzados, se organizó en una Comisión de Apoyo. Edith Pecorelli, siendo la presidenta de la Comisión, comenzó a destacar por su liderazgo, su conocimiento sobre el Derecho y su profundo compromiso con la causa. 

La Comisión de Apoyo hizo de todo para recaudar fondos. “Vendíamos rifas, hacíamos asados, pusimos alcancías en los semáforos, hicimos shows en la puerta del club y en la plaza de la estación de Temperley, donde se presentaron Los Auténticos Decadentes”, cuenta Jose Luis Luccisano, un fiel socio del club. En 1991 intentaron rematar al club, pero la lucha de los socios, con el abogado Enrique Zunini a la cabeza, logró frenar la venta el día anterior al remate. Realizaron movilizaciones a los Tribunales de Lomas de Zamora y a la casa del Juez Durañona.En la marcha que se hizo a la casa del juez nos estaba esperando la infantería con palos. Hubo algunos empujones y nos tiraron gas. El juez estaba preparado y ya a dos cuadras de la casa no podíamos llegar”, cierra Jose Luis

En 1993 el club había abierto sus puertas, pero el juez aún no autorizaba que Temperley retomara el fútbol profesional. Todo parecía estar perdido, hasta que se les ocurrió una alternativa: poner en garantía algunas propiedades para que Temperley pudiera volver a jugar y pagar la deuda con lo que el club recaude estando en funcionamiento. Edith no lo dudó ni un segundo, estaba decidida a hipotecar su casa. Pero con una sola propiedad no alcanzaba, tenían que ser varias. Con mucho coraje las familias Pecorelli, Allende, Colás, Romano y Ahualli pusieron sus casas en garantía, quedando para siempre en la historia del club.

El 24 de julio de 1993 Temperley volvió a jugar después de más de dos años. Una marea humana rebalsaba la tribuna mucho más que cualquier otro día. Los hinchas arengaban y cantaban con euforia mientras algunas lágrimas caían por sus rostros. Las banderas, que habían estado tanto tiempo guardadas, bailaban por el aire y teñían de celeste al barrio, reflejando la alegría de un pueblo que no conoce la resignación. Era una fiesta popular; la celebración colectiva de los socios tras recuperar lo que siempre fue suyo. Se enfrentaban a Tristán Suárez en el torneo de Primera División “C”. 

Entre esa multitud, Edith Pecorelli iba de acá para allá ocupándose de todo: desde la organización del personal hasta el cerramiento de puertas. Ese día representaba para ella una gran victoria. Había luchado de forma inquebrantable por levantar a Temperley de la crisis y volvía a ver a su gente feliz. “En un momento me senté en un rincón, sobre la calle 9 de julio, y miraba a la gente entrar al estadio. Se abrazaban, se besaban. Fue como si me hubieran pagado dos millones de dólares de honorarios. Lloré de la emoción a escondidascontó Edith.

El inolvidable gol de Walter Céspedes coronó la gloria para Temperley y ganaron 1 a 0. Alberto Lecchi, el actual presidente del club, contó que en realidad lo más importante ese día no fue ganar, sino la sensación inmutable de seguir estando vivos, de ver al club renacer.

Dos años después, en 1995, Edith Pecorelli asumió como presidenta del club, convirtiéndose en la primera mujer electa presidenta en la historia del fútbol argentino. “En ese momento el 90% de los socios eran hombres y gané con el 62% de los votos contra un socio tradicional del club”, afirmó Edith. 

Edith fue una pionera, porque en ese momento el fútbol era un deporte muy masculinizado. En una reunión en la AFA, Edith preguntó dónde era el baño de damas. Le contestaron que no había. A pesar de tener el mismo cargo que los presidentes de otros clubes, tenía que pedirle a las empleadas de la AFA las llaves del baño privado que usaban ellas. El fútbol en los años ‘90 era un ambiente que no pensaba en la inclusión de las mujeres. No eran contempladas ni siquiera al momento de construir sanitarios.

Por otro lado, el hecho de ser mujer y ocupar un puesto de toma de decisiones impactó de lleno en la vida personal de Edith. “Con el tema de la quiebra y con mi carácter, los hombres se escapaban. Algunos me tenían miedo. Yo siempre soñé con tener hijos, pero no los tuve. Igualmente no me arrepiento de nada de lo que hice y lo volvería a hacer. Yo cuando me pongo en una lucha la tengo que terminar”, explicó Edith. ¿Cuántos presidentes varones renunciaron a formar una familia debido a su rol profesional? La sociedad los considera “exitosos”, por lo tanto se vuelven buenos candidatos para una relación o para formar una familia. Ahora bien, si una mujer ocupa esos mismos espacios de liderazgo, debe afrontar un costo alto: romper con el mandato de la feminidad que nos impone ser sumisas y complacientes. Y como consecuencia, se dificultan proyectos de vida como por ejemplo la maternidad.

Pero nada de todo esto fue en vano. El levantamiento de la quiebra fue un punto de inflexión en la historia de Temperley que hoy forma parte de su identidad. “Llegaron los inmortales. La que levantó la quiebra. La que copa en todas partes. Copamos todas las canchas, todas las categorías. El cele no es una moda, es un estilo de vida”, cantan a día de hoy los hinchas. Cada 24 de julio se celebra el Día del Hincha de Temperley, en honor a ese partido de 1993 en el que la pelota volvió a rodar por el Estadio Alfredo Beranger gracias a la lucha de los socios. La historia de Temperley es un faro de esperanza en una sociedad cada vez más rota e individualista. Hoy el Cele existe porque hubo quienes antepusieron sueños colectivos por sobre bienes individuales, poniendo en riesgo una de las cosas más elementales para la subsistencia: sus casas.

Esta historia atraviesa las generaciones. Temperley siempre fue trascendental en la familia de Lucas Ahualli. Su bisabuelo fue canchero del club, su bisabuela le cocía las medias a los jugadores y sus abuelos pusieron en garantía su casa cuando Temperley estaba en quiebra.

Para Lucas nuestra generación, a pesar de no haber vivido la quiebra, es consciente de lo importante que fue y sigue siendo Edith Pecorelli: “Edith debe ser la mujer más importante de la historia de esta institución y una de las mejores dirigentes que tuvo este club. Ella ha sido una de las personas que ha marcado el camino de cómo hay que cuidar al club, de cómo hay que respetarlo y también de cómo hay que involucrarse. La realidad es que no alcanzan las palabras para definir a personas tan importantes como Edith. Ella es una grande entre los grandes. Es una leyenda de este club y estará de por vida en las páginas más doradas de nuestra historia”.

Por eso tuvo lugar el merecido homenaje. El 24 de febrero del 2026 se inauguró la “Platea Edith Pecorelli” en el Estadio Alfredo Beranger. El nombre fue elegido mediante el voto de los socios en una Asamblea Extraordinaria. Fue un acto muy emocionante, Edith entró a la cancha como una campeona, acompañada de su familia. La gente en las tribunas se paró a aplaudirla y a corear su nombre. Hoy en día ella pasa por acá y todos la saludan, todos la recuerdan”, afirmó con alegría el socio Jose Luis Luccisano. 

“Que le pongan mi nombre a la platea fue una cosa totalmente inesperada. Los nombres en el club son todos de gente fallecida, no debe haber muchos casos que hayan puesto el nombre de personas en vida y mucho menos de una mujer”, contó Edith. 

Esa niña que dejó de jugar al fútbol por lo que otras personas decían de ella, esa adolescente que miraba los partidos a escondidas, hoy es ovacionada y recordada como una leyenda viva del Club Atlético Temperley. 

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