El género persiste en disputa y las nuevas militantes tienen desafíos que nuestra corresponsal Oriana Sánchez analiza junto a una dirigente feminista.
Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica.
Esa idea la formuló, al menos, Salvador Allende. El informe “Juventud, divino tesoro”, realizado por el Observatorio de Opinión Pública de la Universidad Nacional de Villa María, registra que los jóvenes atraviesan una etapa de redefinición. Sus intereses cambian y también sus lealtades. Hoy su agenda de preocupaciones se desplaza de las instituciones hacia problemáticas propias e inmediatas.
En este punto nace la militancia y, sobre todo, una que se ve puesta a prueba en Argentina y en el resto del mundo: la militancia feminista. Porque ser joven, militar y además ser feminista, si no es un acto revolucionario se le parece bastante. Si bien existen tantas formas de habitar el feminismo como de militar, hay realidades donde el término “feminismo” parece ser lo único que da certezas sobre desde dónde mirar y posicionarse en la vida. Esa palabra es el techo que cubre desde antes de conocer del todo su significado.
Victoria Salgado, miembro de la Red de Jóvenes de FunDheg, una organización de Derechos Humanos con perspectiva de género, describe de esa forma su relación con el feminismo. Como hija de dos militantes políticos de la ciudad de Resistencia, creció rodeada del feminismo; sobre todo de parte de su mamá, una de las primeras militantes feministas del lugar. “Crecí en una casa feminista, con una crianza feminista, acompañando a mis papás y, básicamente, en esa situacion: en las calles, marchando”, dijo.
Militancia juvenil en tiempos de retroceso
Victoria puso sobre la mesa la frase de Salvador Allende antes de explicar del todo el cómo concibe la militancia juvenil. Considera que, más allá del feminismo, toda participación de jóvenes es fundamental, sobre todo en el contexto actual. “Los jóvenes crecemos y después mantenemos el futuro. Hay una gran fuerza dentro de nosotros, ya que empezamos a descubrir y posicionarnos ante el mundo, nos volvemos críticos”, sostuvo.
Además, surgió en la conversación la frase encarnada en la realidad de Simone de Beauvoir: “Bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de la mujer vuelvan a ser cuestionados”. Las palabras se alejan de lo abstracto y se convierten en la etiqueta del día a día de las mujeres y disidencias cuando se analizan las decisiones de las personas en el poder.
En Argentina, por ejemplo, tras la asunción del presidente Javier Milei en 2023, se redujo el Ministerio de la Mujer, Género y Diversidad a subsecretaría. Siete meses después, se produjo su cierre definitivo. La medida se justificó bajo el argumento de que “el organismo fue creado y utilizado por la anterior administración con fines políticos-partidarios”, dejando de lado los logros alcanzados, como la detección de violencia de género a través de políticas integrales y programas de asistencia.
Es decir, se rechaza la orientación política que lo creó y no se tienen en cuenta las demandas sociales que lo hicieron necesario.
Este tipo de acciones son tomadas, si no en igual medida, en una peor en otras partes del mundo, como Estados Unidos. Llevando a cabo sus promesas de campaña, el presidente Donald Trump tomó medidas aceleradas para revertir programas e iniciativas en cuanto a diversidad, equidad e inclusión. Los calificó de “atroces y discriminatorios” e incluso se los somete a investigaciones.
Victoria Salgado afirmó que para combatir estos retrocesos es necesario la participación juvenil. No se trata de exigir nuevos derechos, sino de mantener lo que se consiguió tras muchos años de lucha. “Isabel Allende dijo en una conferencia que muchas de nosotras no reconocemos que tenemos derechos que nuestras abuelas y madres no tenían. El derecho a decidir sobre la maternidad y la independencia económica son asuntos básicos a los que no tuvieron acceso”, reflexionó.
Habitar el feminismo
Es necesario, en su opinión, marcar una diferencia entre la militancia de antes con la de ahora, de lo que existe entre la militancia y el activismo. “Para la militancia no hace falta llevar la bandera de un partido político o formar parte de una organización política. Eso es una concepción errónea de lo que significa la palabra. No es necesario ir a una marcha o poner el cuerpo para defender algo”, sostuvo.
En este plano, hizo referencia a la reciente entrevista que Radio 3 le hizo a Rosalía, donde afirmó no considerarse feminista porque “no se considera lo suficientemente perfecta como para formar parte de un ismo”. La respuesta causó controversia en las redes y para Victoria tampoco pasó desapercibida: “Para ser feminista no hace falta ser perfecto ni saberlo todo. Para mí, se basa en ser consciente de las batallas a las que nos enfrentamos en lo cotidiano y hacer, como las llamo, micro militancias”.
El feminismo como forma de vida se evidencia en las decisiones que se deciden realizar como respuesta a la forma de concebir las relaciones personales y las estructuras sobre las que operan sin darnos cuenta. Para Victoria, una forma de micro militancia es empezar, por ejemplo, a nombrarnos y ocupar un espacio, y en dejar de permitir situaciones que culturalmente se inculcó a las mujeres que es lo “normal”, como el acoso y roles de género que nos ponen en un lugar pasivo.
Por otro lado, destacó la importancia que tiene para el feminismo el perseguir la libertad económica. “Algo que hago mucho con mis amigas es hablar de plata. Sacarnos el miedo de ponerle un valor a lo que hacemos. Hay un proyecto que se llama Amiga, hablemos de plata, que está bueno. Creo que el medir nuestro valor en esos términos también nos ayuda a mantener el feminismo”, agregó.
Desafíos de la militancia actual
“La superficialidad de las cosas, la necesidad de que todo sea rápido y explícito, creo que es una de mis mayores preocupaciones en general, pero sobre todo en la militancia”, aseguró Victoria. Atribuyó esta tendencia a la “simplicidad” al hecho de que, de a poco, se va perdiendo la capacidad de investigar, razonar y entablar un debate coherente al respecto. El fin de las partes que discuten ya no es entenderse, sino tener la razón.
La ausencia de un argumento es el retoño más distinguible de esta “superficialidad”. No existe una negociación posible de las partes porque a veces ni siquiera se tiene en claro qué se quiere mostrar al otro, solo hay repetición de narrativas. “Me acuerdo de los debates que surgían durante la legalización del aborto y eran muy interesantes, porque estés de acuerdo o no, cada parte tenía en claro su argumento. Ahora parece no haber espacios para discutir de política. Porque hablar de feminismo es hablar de política”, dijo.
En relación a esto, para Victoria hay otro desafío: el miedo. Contó que concibe a las instituciones educativas como ese lugar donde se puede entrar en discusión con el otro, en el que reina un intercambio de ideas y perspectivas. Pero ahora hay otros factores que limitan esto: “Los discursos de odio aumentaron. Si bien se ve mucho en el entorno digital, también surgen en otros espacios. Incluso hay profesores que cuidan mucho lo que dicen”.
La consultora Ad Hoc estimó en su último informe que se registró un aumento del 90% de violencia política entre enero de 2023 y junio de 2025. El estudio enfatizó que el usuario verificado con mayor cantidad de publicaciones ofensivas es el presidente Javier Milei, que publicó y compartió 1.589 insultos en ese período. “Cada vez que en el poder hay personas que usan discursos de odio, aumentan los ataques a mujeres y disidencias. El miedo es perjudicial porque va en contra de todo lo que involucra la militancia, el poner el cuerpo y expresarse”, observó Victoria.
Pasión, convicción, respeto y humildad
A pesar de los inconvenientes que a los que se enfrenta un militante, más aún joven, hay algo que le permite a uno seguir luchando: la certeza de que, aunque el aporte sea poco, se quiere transformar el mundo para mejor. “Yo milito porque para mí el feminismo es una forma de analizar mi entorno y vivir mi vida desde lo cotidiano. Es eso que me sacó el velo de los ojos y no me permite ver el mundo igual que antes”, expresó Victoria.
Por último, le pregunté qué consejos le daría a un joven militante. Luego de pensarlo un rato, recomendó -aunque admitió tener problemas a veces para implementarlo-, el aprender a canalizar el enojo. “Creo que hay que saber cuándo enojarse y dónde depositar el enojo, porque en la militancia van a haber muchas cuestiones que despierten bronca. Pero es como dice el dicho: el que se enoja, pierde”, aconsejó.
También recomendó lo que para ella es fundamental: consumir la perspectiva femenina. Ya sea en libros, charlas, conferencias o en el día a día, con amigas y familia: “En especial, recomendaría a escritoras como Virginia Woolf y Simone de Beauvoir para informarse sobre feminismo. También las conferencias de Rita Segato y cuentas que promueven la libertad financiera, como Ecofeminita”.
Para Victoria, la militancia se alimenta de la pasión, la convicción, el respeto y la humildad. Y si algo se decide hacer con esos ingredientes, no puede salir mal.