"Cuando una lengua muere, con ella se extingue una forma única de nombrar y comprender la realidad", escribe nuestra corresponsal Luana Tito para conmemorar el Día Internacional de la Lengua Materna.
En el Día Internacional de la Lengua Materna celebramos la diversidad lingüística como parte esencial de la identidad y la cultura de los pueblos, y recordamos la importancia de proteger y transmitir las lenguas a las futuras generaciones.
Hoy en el mundo se hablan más de 6.000 lenguas. Sin embargo, según la UNESCO (United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization), aquellas que tienen menos de 5.000 hablantes están desapareciendo a un ritmo acelerado y al menos 25 se pierden cada año. Se estima que casi la mitad de las lenguas actuales podrían extinguirse antes de que termine este siglo, es decir, unas 3.000. En los últimos cien años ya desaparecieron alrededor de 400 idiomas, lo que equivale a uno cada tres meses.
Entre las principales causas de esta pérdida se encuentran la globalización, las guerras y los desplazamientos forzados. A esto se suma que casi 3.000 lenguas no cuentan con sistema de escritura, lo que vuelve todavía más difícil su preservación. Mientras tanto, idiomas como el inglés, el español y el chino tienen la mayor cantidad de hablantes en el mundo, ampliando la diferencia entre lenguas dominantes y minoritarias.
Esta situación global también se refleja en América Latina. En la región se calcula que existen alrededor de 420 lenguas indígenas y cerca del 26% se encuentra en peligro de extinción. Varias ya se han perdido en los últimos años. Con cada lengua que desaparece no solo se pierden palabras sino que se pierde una herencia cultural, una manera de entender el mundo y una parte de la identidad de un pueblo.
En Argentina existe una gran diversidad lingüística. El guaraní y el quechua cuentan con una importante cantidad de hablantes. El guaraní tiene fuerte presencia en Corrientes, provincia que en 2004 declaró su cooficialidad para la enseñanza y los actos de gobierno, aunque la ley aún no fue reglamentada. El quechua se habla en Santiago del Estero, donde existe una variante conocida como quichua, y también en zonas de Jujuy, con una variedad cercana a la que se habla en el suroeste de Bolivia.
En las periferias de grandes ciudades, producto de migraciones provenientes del NEA, Paraguay, Bolivia y Perú, también hay comunidades que mantienen vivas lenguas como el guaraní, el quechua y el aimara. Entre las lenguas indígenas vivas en el país se encuentran el moqoit (mocoví), el wichí, el qom (toba) y el pilagá. En 2010, la provincia del Chaco estableció la cooficialidad de los idiomas qom, wichí y mocoví. El mapudungun, lengua del pueblo mapuche, también tiene presencia histórica en Argentina y hoy cuenta con hablantes en distintas provincias de la Patagonia.
Todo esto trae consigo un desafío, ¿qué pasa cuando la lengua materna es indígena?
La probabilidad de sufrir discriminación sigue siendo alta. Los pueblos indígenas de América Latina han enfrentado históricamente una fuerte presión social y política que desincentivó el uso de sus lenguas. La desvalorización y, en muchos casos, la vergüenza de hablarlas llevaron a que numerosas familias priorizaran el idioma dominante como forma de adaptación. Como consecuencia, hoy muchas generaciones jóvenes atraviesan un proceso de olvido de su propia lengua materna.
En este contexto, muchas lenguas dejaron de transmitirse en el ámbito familiar y en los espacios formales, como la escuela o el trabajo, son reemplazadas por idiomas dominantes. La globalización también impacta en el plano cultural en el que la música, el cine y los sistemas educativos tienden a homogeneizarse, lo que debilita la transmisión intergeneracional y reduce el espacio de la tradición oral.
La pérdida no es solo lingüística, sino también social y cultural. Cuando una lengua desaparece, también se pierden saberes, tradiciones y formas de comprender el mundo que no siempre pueden traducirse a otros idiomas como prácticas agrícolas, canciones folclóricas, relatos históricos.
¿Se puede revertir esta pérdida? Sí, pero requiere decisión política y compromiso social. Implica reconocer el valor y la contribución de los pueblos indígenas, incentivar la transmisión de las lenguas dentro de las familias y garantizar su enseñanza en las escuelas. Países como Ecuador y Bolivia ya reconocieron constitucionalmente a las lenguas indígenas como idiomas oficiales, un paso para asegurar su continuidad.
También, surgieron distintas iniciativas de activismo lingüístico. Organizaciones como Wikitongues cumplen un rol importante al documentar y visibilizar lenguas en peligro. Hasta el momento, esta organización ha registrado alrededor de 700 lenguas, entre ellas el igbo, el angika y el rohingya.
Cuando una lengua muere, con ella se extingue una forma única de nombrar y comprender la realidad. Por eso, el Día Internacional de la Lengua Materna no es solo una fecha simbólica, es un llamado a defender la historia.