Sociedad

Project Hail Mary: un gracias a la vida

Maravillada por la última película protagonizada por Ryan Gosling, nuestra corresponsal Daniela Gutiérrez nos cuenta cómo un soundtrack extraordinario acompaña a un hombre en su solitaria travesía al espacio.

Daniela Gutiérrez

Son las películas del espacio las que más nos hacen entender la magnitud del universo. Son esas también que nos recuerdan lo minúsculos que somos en la galaxia, y la superficialidad con la que vivimos en un universo infinito y lleno de cosas sin saber

Project Hail Mary o Proyecto fin del mundo prometía desde sus primeros vistazos en 2025 la grandeza del proyecto. Dirigida por Phil Lord y Christopher Miller y adaptada del libro original Project Hail Mary (2021) de Andy Weir, la película se estrenó el 19 de marzo y llegó para ser una de las mejores experiencias del año para ir al cine.

La película adquiere un alma y visión única por un detalle. Ryan Gosling, que años atrás leyó el libro e inició los trámites para comprar los derechos de adaptación, protegió que la identidad del libro no se pierda en su traspaso al cine. El amor de Gosling hacia el libro se transmite al ver la película, porque el actor no solo trabajó en la producción ejecutiva del gran proyecto, sino que pidió protagonizarla y fue probablemente una de las mejores decisiones que definió la película.

Ryan, que años atrás nos regaló performances increíbles con Drive, Blue Valentine, First Man o Lalaland, nos deslumbra con este nuevo proyecto y probablemente su mejor trabajo hasta el momento.

Perdido entre las estrellas: el autodescubrimiento en medio de una misión

La película inicia con Ryland Grace despertando después de años de un coma inducido, sin tener conocimiento de dónde está, por qué se encuentra ahí, quién es él o por qué las otras personas en la nave que lo acompañaban fallecieron. A lo largo de la cinta vamos a ver su autodescubrimiento, parte de su vida en la tierra y su relación con cierto ser que aparecerá en el momento más curioso de la película

Y funciona de una manera mágica: la amistad como principal punto de partida de la misión por salvar el sol fluye y nos enternece hasta el punto de tener que redefinir lo que significa ser humano. La cinta logra equilibrar la ciencia ficción más pura con una calidez inesperada, demostrándonos que salvar el sol no depende solo de cálculos matemáticos o tecnología avanzada, sino de la voluntad de confiar en el otro y del sacrificio que nace de un vínculo genuino.

La relación entre ambos se convierte en el corazón emocional de la trama. No es solo una alianza por conveniencia, es un choque de civilizaciones que termina en una hermandad profunda, demostrando que la ingeniería y el sacrificio son lenguajes universales

Es ese vínculo el que otorga sentido a la misión, la cual se presenta desde el inicio como un último recurso desesperado justificando el título del proyecto ‘Hail Mary' al lanzar a un académico sin formación profesional como astronauta a una travesía suicida por el universo.

Un soundtrack mágico

Queríamos que toda la película sonara como un mixtape del planeta tierra", expresó Phil Lord en una entrevista reciente con el periodista argentino Adrián Monserrat.

Dicho por uno de sus directores, la película se siente aún más por la música que lo acompaña, y el soundtrack de fondo en sus mejores escenas no solamente marca la importancia en ellas, sino que nos permite entender de una manera distinta y universal la energía de la película.

Dentro del soundtrack encontramos ‘Gracias A La Vida’ de Violeta Parra, interpretada por la histórica voz de la tucumana Mercedes Sosa. Y esa no es la única aparición argentina dentro de la película, porque en el momento más intrigante pudimos deleitarnos de ‘El Amanecer’, tango argentino que ambos directores dijeron que se encontraron en la búsqueda de la pieza, que para ellos desde un comienzo supieron que tenía que ser parte.

“Llamabamos a esa escena el tango de gravedad", agregó Christopher Miller a la entrevista con Adrián Monserrat y la participación musical argentina en la película.

Esas dos piezas no son las únicas que resaltan en la película, porque también resaltan 'Sign of the times' de Harry Styles, donde la vulnerabilidad por un mundo con un reloj en contra y paralelo a nuestra realidad nos permite entender la humanidad que prevalece aveces.

The Beatles no podía faltar. 'Two of Us' acompaña a la perfección y nos confirma el enorme trabajo detrás de la elección del soundtrack que une generaciones de música e historia en una película espacial, con piezas que acompañan como "Pata Pata" -clásico sudafricano de Miriam Makeba- y la canción maorí "Po Atarau".

La unión en tiempos fragmentados

Project Hail Mary termina siendo, finalmente, un ejercicio de gratitud. Nos recuerda que la supervivencia no depende únicamente de la tecnología o el intelecto, sino de la empatía y la capacidad de reconocer al "otro", sin importar cuán distinto sea su origen. En tiempos donde la fragmentación parece normal, esta cinta nos obliga a mirar hacia arriba para volver a encontrarnos aquí abajo. Irónicamente en paralelo a la misión de Artemis II.

El humor presente en la película gracias a la dirección de Lord y Miller -Que trabajaron anteriormente con Spider-Man: Into the Spider-Verse- logra que el espectador pase del asombro visual a la risa genuina, no a través de chistes forzados, sino mediante la ironía de un hombre común enfrentándose a problemas astronómicos. Es ese balance entre la comedia y el terror existencial lo que humaniza a Ryland Grace y lo aleja de los arquetipos de héroes espaciales inalcanzables.

"Proyecto fin del mundo" reabre también un debate necesario sobre el futuro de la exhibición cinematográfica, ya que las producciones de esta narrativa actúan como un recordatorio de la función insustituible de la pantalla grande, el cine. No se trata de nostalgia, sino de una cuestión de escala y diseño. Al igual que ocurrió con Interstellar o Avatar, existen obras cuya arquitectura sonora y visual está pensada para el formato de sala.

El mismo director de fotografía Greig Fraser que trabajó recientemente con The Batman, Dune parte uno y dos -y responsable de la dirección de fotografía para las cuatro películas de The Beatles a estrenar en 2028-, hace un perfecto trabajo y nos confirma que la magnitud de la imagen son componentes que el streaming, no puede replicar con la misma fidelidad. La decisión de Ryan Gosling de proteger la integridad del material original se traduce increíblemente en una apuesta por el cine como evento, invitando al espectador a vivir una experiencia única y sin réplica.

La llegada de esta cinta a las salas representa una defensa de la calidad frente a la cantidad. En un mercado saturado de contenido desechable, la obra de Lord y Miller se posiciona como una pieza necesaria para reivindicar el cine en su formato original: un espacio donde la técnica y la narrativa convergen para sacarnos, al menos por dos horas, de la complejidad de nuestra realidad, y eso es justamente lo que constituye al cine.

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