En las redes sociales interactuamos y es ahí donde nos informamos: estudios universitarios revelaron que se consolidan los formatos breves en los celulares para que los argentinos se informen, mientras cada vez más personas se entregan al azar de lo que les propone su algoritmo.
Ya no vemos el noticiero de las 8 de la noche por la tele, eso está claro. ¿Pero cómo accedemos hoy a todo lo que pasa a nuestro alrededor? Una respuesta rápida podría ser que a los jóvenes ni siquiera nos interesa estar informados. Otra podría ser que nuestra forma de consumir noticias se transformó radicalmente comparando los dispositivos y formatos más usados hace algunos años con los de hoy. La segunda opción es la más cercana a la realidad. Según un informe del Observatorio Pulsar.UBA y la asociación Conciencia, un 79% de estudiantes de 16 a 19 años se informan principalmente a través de redes sociales. Otros medios como la televisión (58%) o las conversaciones cotidianas (53%) quedan en segundo plano al momento de enterarse de lo que sucede.
Pero no cambia solo el tamaño de la pantalla: se modifican nuestras formas y hábitos de consumo. El informe sobre las prácticas noticiosas de estudiantes de Comunicación de la UBA (elaborado por la cátedra de Audiencias y Recepción) midió en ese segmento de estudiantes universitarios la creciente popularidad de los contenidos audiovisuales como fuente de información. Mientras baja la escucha de radio y la lectura de notas escritas, los videos cortos se vuelven el “pantallazo informativo” más consumido, con todas las ventajas y desventajas que esto trae. Un solo scroll permite enterarse superficialmente de varios temas a la vez pero no entender con profundidad ninguno (a menos que nos interese tanto como para investigar). Además, el 42% de los encuestados dice que mira las noticias que le aparecen aleatoriamente, es decir que el algoritmo se vuelve un factor clave en lo que vemos o dejamos de ver.
El momento preciso para informarse se desdibuja: las noticias circulan constantemente en nuestros celulares a toda hora, van con nosotros a todas partes. El formato audiovisual no siempre pide la totalidad de nuestra atención. El 76,74% viaja en colectivo, cocina, espera o hace cualquier otra actividad mientras se informa. El consumo cotidiano de noticias se fragmenta y la lectura en profundidad de temáticas que nos interesan realmente tiene que quedar relegada a momentos específicos del día que son cada vez más difíciles de encontrar.

Los programas de streaming son hoy medios centrales para acceder a la noticia de forma más descontracturada, combinando en muchos casos un formato informativo con entretenimiento. Toman modelos de la tele y la radio para generar una comunidad de oyentes fieles, que muchas veces lo tienen “de fondo” mientras hacen otras tareas. Pero la longitud de los programas choca también con la velocidad del consumo en redes: la mayoría de los encuestados solo mira clips en diferido de la transmisión, los que solo pocas veces son un “disparador” para ver el programa completo.
Aunque las redes pretenden ser un espacio donde los consumidores tengan un rol activo al comentar publicaciones e interactuando con otros usuarios, ¿Esto realmente sucede? Según el informe, solo el 13,89% comenta o discute en redes regularmente, predominando una participación íntima y privada.
Para responder a este escenario hacemos Buena Data. Creemos en un periodismo que no solo hable de los temas que nos importan, sino también que los cuente del modo que queremos hacerlo. Usamos los formatos que nos dan las redes como una plataforma para abrir conversaciones y movilizar a que otros quieran contar sus historias.