La imagen que se repite es la de una escalera si los primeros peldaños: queremos ascender laboralmente, pero las tareas para iniciarnos ahora son automatizadas con IA. El escenario no parece ser optimista, pero existen resguardos en la creatividad y en los trabajos que necesitan de nuestra presencia física. Porque, en definitiva, la IA no lo puede todo.
En pocos años la Inteligencia Artificial pasó de ser un complemento para algunas tareas a una herramienta que reemplaza completamente la intervención humana. Esta transformación repercute especialmente en miles de jóvenes que intentamos ingresar por primera vez al mundo laboral: eso que antes podía ser un primer empleo básico, hoy se vuelve una tarea automatizada por una máquina.
La IA agrava una situación que ya existía: cada vez menos adolescentes pueden imaginar un futuro laboral. En las últimas Pruebas Pisa (publicadas en diciembre de 2023), el 52% de jóvenes argentinos dijeron no tener en claro de qué querían trabajar.
Según un estudio elaborado por el Ministerio de Trabajo Nacional en 2023, el 54% del total del empleo formal privado cuenta con ocupaciones que presentan la mitad o más de sus tareas potencialmente expuestas a la IA generativa. La mayoría de estos están vinculados a tareas mecánicas, que no necesitan de demasiado esfuerzo creativo, como trabajos administrativos o de atención al cliente. Mientras que los oficios que requieren habilidades manuales y presencia física (plomeros, electricistas, cocineros, transportistas) no se ven afectados por estos cambios.
¿El futuro entonces es de los oficios? Para muchos la respuesta es un sí rotundo. Bruno Contigiani (@brunocontigiani_) es tornero en Bahía Blanca y usa Instagram para motivar a que otros jóvenes aprendan oficios. Da consejos para iniciarse y muestra todas las dificultades a las que se enfrenta un trabajador independiente. En una época donde abundan los crypto bros y vender cursos que te enseñan a hacer plata fácil, apuesta por recuperar el valor de los centros de formación profesional y las escuelas técnicas (que sufrieron grandes recortes presupuestarios en 2026 con la derogación del Fondo Nacional para la Educación Técnico Profesional).
Oriana (@electrilindas) muestra en Instagram su día de trabajo como electricista, derribando estereotipos en un rubro mayoritariamente masculino. Además de difundir sus servicios, enseña tips para tareas simples y acerca el oficio a su comunidad.

Para todo el resto de profesiones, el panorama no deja de ser desalentador; muchas grandes empresas deciden reducir su personal para abaratar sus costos productivos. Lo que primero suelen ajustar son esas tareas repetitivas que funcionaban como puerta de entrada al mercado laboral para las juventudes. Esto acentúa una brecha de acceso que ya existía. Sergio Pernice, director de la carrera de Ingeniería en IA de la UCEMA, dijo en una entrevista a Chequeado que “de acuerdo con estudios recientes, el empleo en posiciones iniciales en sectores técnicos cayó un 13%, mientras que la demanda de perfiles senior (con al menos 5 años de experiencia en una industria específica) se mantuvo estable”.
En esta complejidad anunciada, la IA no puede sustituir nuestro trabajo creativo. Podemos pensarla también como una herramienta más para potenciarnos y no solo como algo que viene a destruir todo factor humano en lo que producimos.
El sector periodístico, por ejemplo, es uno de los más expuestos al impacto de la IA en las redacciones y la organización de la información. Si bien permite agilizar procesos repetitivos, la tarea del periodista en la contextualización y la verificación de los datos continúa siendo imprescindible para hacer un periodismo confiable. Elegir qué temas tratar, investigarlos en profundidad y comunicarlos de una forma innovadora y accesible conlleva actividades que aún son indelegables a un sistema no humano.
La IA no lo puede todo (o por lo menos no siempre hace cosas mejor que un humano). Hoy más que nunca la clave está en defender el valor de nuestra creatividad. Para eso, hay que ampliar el acceso a un uso crítico de la IA: el Estado, las escuelas, las universidades, las ONGs y las empresas deben poder ofrecer herramientas para afrontar este mundo laboral en constante transformación. Si todos partimos de una misma base de conocimientos, podemos hacer propios esos recursos que hacen más eficientes ciertos procesos y tener más tiempo para expandir nuestra originalidad humana.