Sociedad

María Elena Walsh, la eterna: rebelión poética por infancias en igualdad

En el 96° aniversario de su nacimiento, nuestra corresponsal Daniela Gutiérrez celebra el ingenio y la valentía de la artista para niños más grande del país.

Daniela Gutiérrez

La que enfrentó la censura, luchó por los derechos de las mujeres y encarnó versos con ternura y bravura. La que desafió la rigidez de una época gris, se fue, regresó y siempre eligió el mismo camino: resucitar. Esa es María Elena Walsh, que estaría cumpliendo 96 años este 1° de febrero.

Su padre, Enrique Walsh, fue la ventana directa a un universo sin reglas. De él heredó las Nursery Rhymes, esas historias donde la lógica no existe. Como ella misma relata en sus memorias Novios de Antaño de 1990, su influencia principal fue el estímulo de una mente capaz de explorar lo absurdo

Esa influencia fue la que le permitió, años más tarde, demoler la solemnidad de la literatura infantil argentina. Al entender el arte como un territorio de libertad absoluta, Walsh transformó el "disparate" en una herramienta creativa, sus obras fueron la aplicación de esa herencia paterna, una forma de resistencia donde la fantasía funciona como el primer paso para cuestionar la realidad.

A los 12 años ingresó a Bellas Artes, pero su destino habitaba en la palabra. Comenzó a publicar sus primeros poemas a los 15 años en medios como la revista El Hogar y el diario La Nación, y apenas dos años después, a los 17, conmovió al mundo literario con su debut Otoño imperdonable (1947) fue un estallido de talento que le valió el reconocimiento de figuras como Pablo Neruda y Silvina Ocampo. Tal fue el impacto de su voz que el Nobel Juan Ramón Jiménez la invitó a Estados Unidos; sin embargo, aquella estadía resultó ser una experiencia amarga, marcada por la rigidez del poeta.

A su regreso, a pesar de la maestría técnica y la profundidad de su obra, se enfrentó a la resistencia de una academia que se negó a otorgarle el Premio Municipal de Poesía. “Gané el premio municipal de poesía, me dijeron que merecía el primer premio pero me daban el segundo porque era muy joven. Nunca volví a presentarme en ningún certámen”.

Ese choque con las estructuras rígidas y los prejuicios de la época no hizo más que empujarla a buscar nuevos horizontes de expresión fuera de los moldes establecidos.

En la década del 50, buscando nuevos rumbos tras la rigidez del ambiente literario local y censura, se unió a la tucumana Leda Valladares para emprender un viaje hacia Europa. En París, conformaron el dúo ‘Leda y María’, llevaron el folklore del campo argentino a los lugares más elegantes y famosos de París. Con solo sus voces y el sonido de la caja, lograron que el público francés se enamorara de las canciones tradicionales argentinas, llegando a escenarios como el del famoso cabaret Crazy Horse, demostrando que nuestra música podía brillar en cualquier lugar del mundo.

Durante esta etapa, registraron grabaciones que hoy son tesoros de la música como Chants d’Argentine (1954), un disco que capturó la esencia de la música de tierra adentro, y Sous le ciel de l'Argentine (1955), obra que consolidó su prestigio en el circuito de la chanson parisina.

Ese tiempo en París fue donde María descubrió que las canciones populares podían ser tan valiosas como la literatura más elegante. Entre sus shows nocturnos y su investigación de la música tradicional, empezó a crear sus primeros poemas para chicos. Encontró en el juego y en las rimas simples una forma profunda de conectarse con los demás, preparando el terreno para lo que después sería su gran revolución en Argentina

“La poesía es en definitiva reconstrucción y reconciliación, es el elemento más importante que tenemos para no hacer de nuestros niños ni robots ni muñecos conformistas, sino para ayudarlos a ser lo que deben ser: auténticos seres humanos”, sostenía María Elena Walsh en el cierre de su discurso en las Jornadas Pedagógicas de la Organización Mundial de Enseñanza Preescolar en 1964

A menudo recordamos a María Elena Walsh como la arquitecta de nuestra nostalgia, la voz que musicalizó las meriendas y los juegos en el jardín. Sin embargo Walsh no solo escribía para entretener; utilizaba el disparate y la ternura como caballitos de Troya para cuestionar estructuras adultas rígidas

Mediante “El Reino del Revés", Walsh quiebra las normas lógicas y sociales, sugiriendo que si en ese mundo "un ladrón es vigilante y otro es juez", la realidad que conocemos también puede ser cuestionada y transformada

En la "Canción de tomar el té", María Elena Walsh se burla del elitismo y de las costumbres importadas. Ella explicaba que en Argentina el té era una pose "paqueta" y no algo natural: "Se supone que la gente paqueta, los chicos ‘regios’ toman el té. Los otros, el resto, toma la leche o el chocolate". Walsh conocía este ritual de cerca porque su padre mantenía estrictamente la tradición británica de las cuatro de la tarde. Al notar que a los chicos en realidad les disgustaba la bebida, transformó esa herencia en un juego inteligente para evidenciar lo artificial de ciertas modas sociales 

Durante la última dictadura cívico-militar (1976-1983), su obra sufrió la censura: canciones como "El twist del Mono Liso" y "La cigarra" fueron prohibidas. En 1979, Walsh desafió el control con su artículo Desventuras en el País-Jardín-de-Infantes, lo que provocó su exclusión de los medios oficiales

Walsh usó la palabra para inmortalizar la indignación y el humor, liberando a las infancias y a las mujeres de las cadenas sociales,  tejió su feminismo con versos afilados, en una época donde el feminismo era mal visto, ella se animó a ser una voz disidente, usando la ironía y sus canciones y artículos para defender la autonomía de la mujer,  un ejemplo magistral es su publicación "Sepa usted por qué es machista" en la Revista Humor 1980 donde enumera 24 razones que exponen el machismo como una falla cultural y no genética;

  1. Porque le falta el principal de los sentidos: el del humor.

Walsh disecciona el ego masculino y sus contradicciones con una vigencia asombrosa: “Porque supone que la mujer quiere imitar al varón, y no sabe que antes muerta que imitar a semejante fabricante de desastres...” o “Porque usted teme que le roben algo y no sabe bien qué”. Su humor ridiculiza temores irracionales, revelando el machismo como una inseguridad infantil y un poder tóxico que, lamentablemente, resuena incluso en este 2026.

Pero esa ironía no era solo una crítica al otro, sino el punto de partida para construir algo propio. En la reciente compilación de sus textos, "El feminismo", Walsh deja de lado la sátira para definir su lucha con una claridad meridiana:

"¿Qué es el feminismo? Es justa indignación. Es conocerse a sí misma, no competir con el varón. Es denunciar la segregación. Es comprender que muchas desgracias femeninas no son ordenadas por Dios ni la Naturaleza, sino por los hombres para su comodidad. Es pretender reinar no sobre los hombres, sino sobre nuestros propios cuerpos y destinos".

Sin embargo, tras una vida dedicada a desafiar la censura y alzar la voz por las mujeres, el 10 de enero de 2011, a sus 80 años falleció, tras un largo período de batalla contra el cáncer, Su despedida comenzó en la sede de SADAIC, donde sus restos fueron velados por una multitud que la sentía propia y concluyó en el Cementerio de la Chacarita, marcando el final de una era, pero inmortalizando su figura

A 15 años de la partida de María Elena Walsh y a 96 de su natalicio, es importante recordar que María no solo plasmó sus ideas en papel, sino que construyó una obra que hoy, en pleno 2026, sigue interpelándonos con la misma fuerza, sus reflexiones sobre el machismo y los mensajes "ocultos" de sus canciones se han transformado, pero no han perdido vigencia, lo que ella señalaba como una problemática hace décadas, persiste hoy bajo nuevas formas.

Walsh no solo escribió para su tiempo sino que nos dejó un mapa para entender que la libertad, la identidad y la justicia son discusiones que nunca se cierran. La obra de María trascendió infancias y generaciones, definiendo así el impacto de su trabajo, su voz sigue siendo una presencia necesaria que nos invita a mirar la realidad con ojos críticos.

Ilustración de portada: Cristian Arrejin

Ayudá a crecer a Buena Data