"Lux", el último álbum de Rosalía, rompió todos los récords y nos llenó de preguntas sobre la religión y la búsqueda del hit. Nuestra corresponsal Pilar Santos analizó motivos del impacto de la artista española.
En 2011, con solo diecinueve años, Rosalía caminó sola ochocientos kilómetros del Camino de Santiago intentando llegar al Frente al Pórtico de la Gloria. Cuando finalmente terminó su peregrinaje, rezó y pidió por su futuro: “Quiero vivir de la música”.
Catorce años después, esa misma mezcla de disciplina, sensibilidad y divinidad espiritual que la llevó a completar ese camino, parece haber dado forma a su obra más ambiciosa hasta el momento: LUX. Un álbum que desafía a la industria, reinventa la religión hablando desde los ojos de Dios, reclama atención en tiempos de dopamina y contenido efímero, convirtiendo a Rosalía en un puente entre la mística femenina y el pop global.
Rosalía está lejos de ser una artista por mera coincidencia, aunque sus obras siempre han estado atravesadas por la espiritualidad, como en el El mal querer (2018), el universo conceptual de LUX es otra cosa: es el resultado de tres años leyendo hagiografías, filósofas y pensadoras como Simone Weil, Chris Kraus o Ursula K. Le Guin.
Cada canción del álbum está inspirada en mujeres de distintas tradiciones místicas e incluye fragmentos en sus lenguas originales. Por eso canta en trece idiomas. Esto convierte el disco no solo en música si no en una obra de arte compuesta en su totalidad, convirtiendo la escucha en un ritual.
Si Motomami (2022) era minimalista y digital, LUX es maximalista, orgánico y profundamente humano. Incluso las versiones físicas contienen tres temas más que las digitales, porque Rosalía siguió corrigiendo las pistas después de haber mandado los vinilos a imprimir.
Si bien Rosalía se sirve de Dios para crear, y no de la industria, ella entendió perfecto: la narrativa previa a LUX fue un caso de estudio
Desde lo estético, tiñéndose un halo en el pelo cual ángel, a la partitura filtrada que permitió a fans de todo el mundo tocarla en piano, violín y arpa en TikTok, a los Listening parties globales con cortinas blancas, rosarios y pura performance hasta la filtración de “Reliquia” en Spotify que duró tan solo una hora.
Es un álbum compuesto para ella misma, que no busca la popularidad ni los Grammys.
La fe, religiosa y artística, atraviesa cada detalle. Lo espiritual es un medio que nos permite pensar lo humano y lo musical. Nos permite conectarnos con el deseo, la devoción, la obsesión e inclusive la muerte.
Durante la canción “Magnolias” Rosalia arma su propio funeral y asciende al cielo. Este es el tema final con el que da cierre a LUX, donde canta desde la paz. “Todos habéis venido, hasta mis enemigos”, dice.
La artista se despide de la tierra con altura y gratitud, agradeciéndole a Dios por su vida, reconociendo que esta fue guiada por lo divino.
Se despide dejando un último pedido: “Prométeme que me protegerás a mí y a mi nombre en mi ausencia”. Y termina por disolverse en el universo: “Yo que vengo de las estrellas, hoy me convierto en polvo para volver con ellas”.