En el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, nuestra corresponsal Lourdes Belén Garcia recupera las historias de Luciano Arruga, Nydia Erika Bautista y Amarildo de Souza. Tres nombres que, en distintas geografías, revelan cómo la práctica de la desaparición forzada persiste en América Latina, interpelando a las instituciones, a la sociedad y a la memoria colectiva.
Lourdes Belén Garcia
Por Lourdes Belén Garcia
Amnistía Internacional señala que las desapariciones forzadas “son personas que desaparecen, literalmente, de entre sus seres queridos y de su comunidad cuando agentes estatales (o con el consentimiento del Estado) las detienen por la calle o en su casa y después lo niegan o rehúsan decir dónde se encuentran.”
Uno se imagina que estos hechos solo ocurren en dictadura, pero no. También pueden pasar en democracia, ocasionado por agentes que deberían cuidar a la gente, tal como lo es la policía.
En el Día Internacional de las Víctimas de Desaparición Forzadas, recordamos algunos casos de Sudamérica que lo demuestran:

Luciano Arruga
El 31 de enero de 2009 Luciano no volvió a su casa de La Matanza. Durante años no se sabría nada de su paradero. Recién en 2014 se halló su cuerpo enterrado en un cementerio de Chacarita como NN. Murió por atropello el mismo día de su desaparición y el conductor había sido sobreseído.
Según Vanesa, hermana de la víctima, los policías de la zona siempre se metían con su hermano: sea a través de violencia verbal como física. Lo estigmatizaban por ser un chico que venía de un hogar pobre: por su forma de vestir, de hablar. Lo consideraban un “chorro”. Incluso, le habían ofrecido que robe para ellos. El rechazo a dicho pedido lo llevaría a sufrir una detención y tortura cuatro meses antes de su desaparición, en el destacamento N° 8 de Lomas del Mirador. Seguiría siendo arrestado y golpeado en varias oportunidades.
Al día de hoy, el caso sigue impune. Los victimarios no han recibido ningún tipo de condena judicial.

Nydia Erika Bautista
El 30 de agosto de 1987 Nydia acompañó a una amiga a tomar el colectivo y nunca volvió a su casa, en el centro de Bogotá. Durante semanas fue buscada incansablemente por su hermana Yanette, quien sabía que el ejército tenía algo que ver con su desaparición, debido a que Nydia era militante de la guerrilla M-19. En ese entonces, Colombia estaba sumida en el conflicto armado interno y una guerra entre paramilitares y grupos guerrilleros. Nydia había sido detenida en 1986 por miembros de la II Brigada en Cali y torturada durante varios días. Sin embargo, Yanette no tenía pruebas contundentes para declarar.
Tuvieron que pasar cuatro años de su desaparición para que finalmente su hermana tuviera algún tipo de pista. Hasta ese entonces ella se había movilizado junto a un grupo de personas y al grito de “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”, pero cayó en una brutal realidad cuando el sargento Bernardo Alfonso Garzón confesó que a Nydia la habían dejado tirada en la vía a Guayabetal. Allí, una hermana perseverante, se encontró con la cruda realidad: “Buscar desaparecidos implicaba buscar gente muerta”.
Tras varias investigaciones, se supo que en la noche del 30 de agosto, miembros del ejército secuestraron a la fuerza a Nydia Erika y tras someterla a torturas, la asesinaron. Pero incluso con estas certezas, ningún militar ha sido condenado por su muerte.

Amarildo de Souza
El 14 de julio de 2013 Amarildo fue llevado por miembros de la Unidad de Policía Pacificadora (UPP) de Rocinha y no volvió a aparecer. Esto ocurrió en el marco de una política de “pacificación” de favelas de Río de Janeiro, Brasil, implementada con mayor intensidad debido a que en esas fechas se acercaba el Mundial de fútbol 2014 y los Juegos Olímpicos 2016. Se buscaba que la policía tuviera proximidad con los vecinos y protegerlo de los abusos de los narcos; justamente, su detención se llevó a cabo durante un gran operativo policial para capturar a los narcos.
Según la versión policial, desde donde lo detuvieron fue llevado a la sede de la UPP en lo alto del morro y liberado luego, pero no hay evidencia de eso, ya que las dos cámaras de vigilancia instaladas en ese punto estaban fuera de servicio esa noche. Hubo varias sospechas sobre esa versión de los hechos. Incluso los investigadores de la División de Homicidios a cargo evitaron hablar de sospechosos. Lo que sí declararon unos meses después es que fue torturado dentro de la Unidad de Policía Pacificadora.
Amarildo fue sometido a choques eléctricos y asfixiado con una bolsa plástica en la unidad policial. Por ser epiléptico, añade el informe, no resistió la sesión de tortura a la que fue sometido con el objetivo de obtener información sobre la localización de armas de traficantes de la favela en la que vivía con su familia.
Hasta el día de hoy, la causa ha tenido pocos avances. Si bien una decena de oficiales fueron detenidos por la desaparición de Souza, no se conocen mayores detalles al respecto. Hasta el día de hoy su familia sigue buscando sus restos bajo el lema: “Tú los olvidaste, nosotros no.”
Estos tres casos tienen algo en común: familias que aún buscan justicia en un sistema que no las escucha. Aún en democracia, el Estado sigue sin estar de su lado.
Fuentes:
https://www.bbc.com/mundo/articles/cx2l2v0z9gzo
https://www.bbc.com/mundo/noticias/2013/08/130819_brasil_desaparecidos_amarildo_lf