Sociedad

La tosquera: el misterioso ambiente elegido para una película de terror argentino

La Virgen de la Tosquera, dirigida por Laura Casabé, nos reveló estos grandes piletones formados entre piedras. Nuestra corresponsal Casandra Leissarrague fue a una y nos contó qué son y cómo se forman.

La Virgen de la Tosquera es la película argentina del momento, que retrata uno de los terrores más desolares: el amor no correspondido. Dirigida por Laura Casabé, y basada en los cuentos “La Virgen de la Tosquera” y “El carrito” de Mariana Enriquez, fue estrenada a comienzos de este año en cines, logrando óptimas repercusiones entre sus espectadores.

El audiovisual y el cuento se sitúan en el verano del 2001, donde el calor espeso vehiculiza la trama y conduce a los personajes al agua fresca de una laguna artificial, abandonada luego de su utilización extractiva: la tosquera. Esta no es solo un escenario circunstancial donde transcurre la historia. Es un símbolo central que condensa deseos, violencia, celos y peligros.

En los primeros minutos se nos introduce a Natalia, Josefina y Mariela, tres amigas inseparables que comparten una profunda fantasía por su amigo: Diego, un pibe que conocieron en su viaje de egresados.

Esa ensoñación adolescente, concentrada mayormente en Natalia, culminaría por transformarse en una obsesión. La fantasía se desvanece cuando Silvia entra en escena, una mujer mayor y cargada de experiencias. Diego la incluye en las juntadas de amigos, escuchando atentamente sus historias de vida, compartiendo gustos musicales y denotando su interés en ella.

Abrasada por los celos, Natalia, recurre a su abuela para recuperar lo “que es de ellas” y lo que “alguien quiere robarles”, es decir Diego. Después de un par de macumbas todo comienza a desvirtuarse, la trama se torna esotérica e inquietante.

Si bien la historia se sitúa en los márgenes del conurbano bonaerense, fue grabada en Mendoza, donde una tosquera se convierte en el escenario principal donde se instala el desarrollo y desenlace.

Las tosqueras son entornos naturales protagonizados por una excavación o explotación, la consecuencia visual de la minería. En ellas se extraen arcilla y piedras (caliza, dolomita, granito), cuando se dejan de utilizar extractivamente el abandono reproduce un ecosistema artificial. El agua de lluvia satura la concavidad y genera una laguna artificial, la vegetación crece y, junto a ella, la aparición de pequeños roedores (como cuises), reptiles (lagartos overos, yararás) y peces.

Algunas maquinas abandonadas pueden permanecen bajo la superficie, aunque no se asoman, puesto que las canteras suelen superar los 30 metros de profundidad, y aumentar más de medio metro cada año debido a las precipitaciones.

A pesar de encontrarse “abandonadas”, tienen dueños (con sus respectivos perros). Los que vivimos en el interior del país sabemos que un alambrado puede esconder espacios naturales increíbles y en este caso la tosquera representa el balneario popular por excelencia.

La tosquera encarna lo profundo, lo estancado y lo turbio. La película reproduce esa aura mítica e indómita, donde se mezclan el despertar sexual, lo prohibido, lo sagrado, el deseo y la violencia.

En estos espacios, donde no hay vigilancia ni control, se da la trama fundamental de la película, en ese “fondo” geográfico que parecería estar fuera de todo tipo de ley.

En ese paisaje roto, atravesado por el polvo y el calor, la identidad de Natalia se quiebra y redefine.

Hoy, La Virgen de la Tosquera está en mi top 4 películas favoritas. Te recomiendo que te acerques al cine, o estés atento a las plataformas de cine digitales, para poder disfrutar de este audiovisual orgullosamente argentino. Preparate porque vas a empezar a ver a las tosqueras de otra forma.

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