Sociedad

La salud mental de los jóvenes en escena

Buena Data conversó con los protagonistas de “El club de los perfectos”, una obra escrita e interpretada por adolescentes que aborda el vínculo entre la perfomance y la salud mental.

En una época colapsada por las pantallas, donde parece que toda experiencia artística puede ser mediatizada por un celular, el teatro sigue siendo un espacio que hace posible (y exige) el encuentro con otros en un solo momento y lugar. Un ritual único que siempre implica poner el cuerpo para crear algo nuevo. 

¿Pero quién va al teatro hoy? Una respuesta rápida sería que sólo hay adultos en las salas, lo que no está muy alejado de la realidad. Según la última Encuesta Nacional de Consumos Culturales, en 2022 solo un 15% de jóvenes en Argentina fue alguna vez al teatro. Podríamos pensar distintas explicaciones a este dato: el costo de pagar una entrada, el conocimiento de las propuestas o la cercanía con los teatros (más que nada fuera de la Ciudad de Buenos Aires). Aún así, uno de los motivos principales podría ser que normalmente tampoco hay jóvenes sobre los escenarios con los que podamos sentirnos identificados. 

Pero no todo está perdido. Buena Data estuvo presente en El club de los perfectos, una obra de la compañía uruguaya Las Ophelias escrita, interpretada y producida por adolescentes. El elenco hace pie en un musical para contar las realidades que atraviesa nuestra generación desde una perspectiva propia. A través de distintas temáticas que ponen en tensión el “deber ser” ideal (en la carrera que estudiamos, el modo en el que nos vinculamos, la ropa que usamos), invitan a un diálogo colectivo sobre problemáticas que los jóvenes suelen padecer en silencio. 

Hablamos con Nicole Arocena, una de las directoras de la obra, que nos contó que todo partió de una pregunta: “¿Por qué no hacemos una historia para poder comunicar esto que sentimos nosotros o que les pasa a nuestros amigos?”. Bajo esta consigna, se propusieron crear una obra con la que puedan empatizar con otros adolescentes “hablando su mismo lenguaje” sin adultos que intenten interpretarlo. Ya con dos años de trayectoria, sus actrices y actores remarcan lo valioso del trabajo colectivo y la riqueza del teatro como medio para narrar las historias reales que atraviesa la juventud en torno a su salud mental. Opinan que para que más adolescentes se acerquen a ver y a hacer teatro son necesarias obras como estas en las que “se puedan sentir representados”. 

En un país donde el 13% de los jóvenes de 13 a 17 años dice sentirse angustiado o donde 1 de cada 5 adolescentes manifiestan preocupaciones sobre su imagen corporal (UNICEF, 2024), el teatro aparece como una posible herramienta de transformación social. Poder jugar junto a otros, dramatizar una cotidianeidad para hacerla más evidente y poner finalmente en escena un sentir compartido muestra la capacidad del teatro para “hablar” sobre lo no dicho. 

En Argentina, iniciativas como el Festival de teatro adolescente “Vamos que venimos” proponen un espacio de encuentro federal donde jóvenes de todo el país “expresen su realidad sociocultural” a través de producciones creadas desde el interior de sus grupos. Con instancias de debate y plenarios de intercambio, la función en sí misma es solo un disparador para abrir la conversación sobre los temas que movilizan esas obras. 

El teatro se vuelve una oportunidad única para el diálogo, un espacio privilegiado para acercarse donde todo parece alejarnos. 

Créditos de fotos: @elclubdelosperfectos_