Sociedad

La literatura de Malvinas: un encuentro para los que no vivimos la guerra

Nuestra corresponsal Martina Bonino entrevistó a Eduardo Sacheri por sus dos libros anclados en la guerra de Malvinas, “Qué quedará de nosotros” y “Demasiado lejos”.

-¿Sabe qué me da miedo, mi teniente? Qué van a decir allá, cuando volvamos.

-¿En el continente? 

-Sí. Cuando volvamos. Y hayamos perdido las islas otra vez.  ("Qué quedará de nosotros”, Eduardo Sacheri).

¿Cómo se transmite la memoria a aquellos que no vivieron sucesos traumáticos, como la guerra de Malvinas? ¿Quién construye los relatos que se cuentan? ¿Qué enfoque tienen esos relatos? ¿Se actualizan? ¿O en los actos escolares se leen las mismas palabras año tras año? ¿Se puede contar desde otra mirada

Para los que nacimos luego de la guerra de Malvinas, la historia es un relato heredado. Honorable, conmemorativo, fuertemente emotivo y cargado de solemnidad. Mas, me pregunto, qué sucede cuando nos corremos de esa forma de relatar Malvinas.

Qué sucedería, por ejemplo, si escucháramos a las familias de los soldados desde la individualidad y no desde la idea colectiva de ser familiares de veteranos. 

Qué sucedería si pudiéramos conocer los relatos de los tenientes, los sargentos, o los soldados mismos.

Para saciar estas curiosidades, la literatura resulta ser una gran aliada. 

Eduardo Sacheri publicó recientemente una bilogía sobre Malvinas: “Qué quedará de nosotros” y “Demasiado lejos”. El primero narra desde la perspectiva de los soldados. El segundo, desde la perspectiva de tres familias de soldados enviados a Malvinas. 

La ficcionalización de la guerra toma un salpicado de perspectivas de “personas comunes”. De aquellas, mayormente invisibilizadas, a las cuales el conflicto y el contexto dictatorial atravesaron y transformaron profundamente. Con el correr de las páginas podemos ver, entre otras cosas, los dilemas familiares entre que sus hijos formen parte de una causa patria y la preocupación sincera de que, quizás, sus hijos no volvieran. ¿Cuándo se entrega el amor de un hijo para la causa nacional? 

Conocemos, también, los temores, las incertezas, las risas y la emoción de los soldados. Esos amigos, recién salidos de la colimba - o con la misma interrumpida-, que toman un fusil por primera vez, y cuya esperanza de vencer se va apagando junto al ocaso entre los montes.   

Pudimos conversar con el autor de estos libros, y uno de nuestros intereses era saber por qué había decido narrar desde esas perspectivas en específico. A lo cual nos respondió: 

“Me parecen más interesantes esas perspectivas de gente común. La historia no le sucede solamente a los líderes, o a las grandes personalidades que aparecen en los medios. La historia nos acaece a todos”.

Pensando en cómo construimos historia y narrativas, nos interesaba saber qué rol podría tener la literatura al momento de construir historia,  a lo que nos respondió: 

"Creo que la literatura le puede aportar a otras formas de conocimiento un soporte auxiliar. Es decir, no creo que la literatura reemplace el conocimiento histórico, de ninguna manera. Me parece que la literatura es otra manera, alternativa, de invitarte a pensar de un modo más libre, más sentimental, menos racional, que también es un modo de aproximarte a las cosas y de encontrarle un sentido a las vivencias humanas”. 

Por último, cuando pensamos sobre Malvinas, nos es inherente cuestionarnos sobre qué rol tienen las juventudes actuales con el tema: 

“Creo que las nuevas generaciones tienen un vínculo con Malvinas. Es probable que los más jóvenes no tengan mucha idea de la guerra de las Malvinas, aunque también habría que preguntarse si las generaciones mayores tienen un conocimiento profundo de la guerra…Pero supongamos que los jóvenes conocen menos que los viejos sobre la guerra, sin embargo esta idea de ‘las malvinas son argentinas’, este encuentro identitario, me parece que los jóvenes lo comparten”.

Es valioso animarnos a relatar sobre la guerra de Malvinas desde otros espacios, y para esto, la literatura puede resultar una gran aliada.

Como jóvenes y ciudadanos, es esencial que mantengamos vivo el honor y el recuerdo solemne hacia los veteranos y caídos en la guerra, sin olvidar que la misma aconteció en un contexto de dictadura cívico-militar, donde muchos soldados no tuvieron decisión en su traslado a las islas. Pese a esto, realizaron la tarea con valentía, confianza y esperanza; por ello mismo, debemos luchar contra los discursos negacionistas, luchar por un aumento de puesta en agenda de la causa Malvinas y pensar qué historia queremos mantener viva. 

Nuestro rol debe ser activo, desde la escucha, el conocimiento y la empatía. Porque aunque no hayamos vivido la guerra, las Islas Malvinas viven en nosotros. Y, sobre todo, son argentinas. 

Crédito imagen: Universidad Nacional Arturo Jauretche

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