Sociedad

Heroin chic: el culto a la delgadez extrema

​Todos dicen que la delgadez extrema de los años 2000 está de vuelta. ¿Qué tan real es este retroceso estético?

Investigaciones sociológicas sobre la moda explican que los 2000 masificaron el concepto del Heroin Chic, que fue un estilo de moda que además de caracterizarse por los cuerpos muy delgados agregaba la piel pálida y ojeras: todo lo que se asociaba con el abuso de la heroína y otras drogas transformándolo en un símbolo de belleza. Esta tendencia fue una reacción contraria a los looks “saludables” de otras modelos de la época. 

Gia Cargia

Gia Cargia, una de las modelos que participó en el origen de la tendencia Heroin chic.

El archivo de medios de la década de los 2000 documenta cómo las revistas y blogs inauguraron la era de la humillación pública alrededor de la imagen corporal y nacieron las primeras comunidades virtuales que promueven los TCA (trastornos de la conducta alimenticia) como "estilos de vida".

 La revista “Cuore" publicada en 2012.      Revista “Cuerpo de Mujer", la cual fue publicada en agosto de 2015. 

La revista “Cuore" publicada en 2012.                         Revista “Cuerpo de Mujer", publicada en 2015.

El body positivity en la alta costura prácticamente desapareció.​El último informe global de Vogue Business analizó más de 9.000 looks en las pasarelas internacionales.Menos del 1% de las modelos fueron de talla grande y el 95.6% de los cuerpos en los desfiles volvieron a ser talle XS o S.

A su vez, los reportes financieros globales confirman que las ventas de drogas basadas en semaglutida, como el Ozempic, se duplicaron año tras año.

El debate sobre los cambios físicos y estéticos en mujeres famosas ha resurgido con fuerza. Pero con un pequeño y esperanzador cambio: lo que antes se veía glorificado hoy es nombrado como alarmante.

“Creo que la delgadez extrema vuelve a ser tendencia porque viene de la mano con un retroceso discursivo sobre los derechos de las mujeres y también con la llegada de un tinte más conservador en los discursos. Lo que busca es que ocupemos cada vez menos espacio y que pasemos más tiempo pensando en cómo nos vemos”. Nos cuenta Lur Magdalena Vera, corresponsal de la 3era generación de Buena Data.

¿Cómo nos afecta a los jóvenes?

Según un estudio de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), los casos de trastornos alimenticios en la actualidad representan un 50% más que en 2001. También la edad de inicio de los mismos se adelantó, detectando casos clínicos en niñas a partir de los 10 años.

Como explica Marina Díaz Marsá, presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental (SEPSM), el aumento de los casos de TCA a nivel mundial “se atribuye a una combinación de factores, entre los que destacan la exposición a redes sociales, el adelanto de la pubertad, la presión social sobre la imagen corporal y las secuelas de situaciones de aislamiento social y estrés, como la pandemia de Covid-19" 

“Sí creo que las redes sociales influyen en cómo percibimos nuestro cuerpo porque vivimos bombardeadas de imágenes de cuerpos “ideales” que cumplen con este estándar de belleza. Son muchas veces imágenes muy alejadas de la realidad porque lo que vemos en redes y lo que se ve en un vídeo no es la realidad. Entonces, eso afecta cómo nos percibimos y cómo nos vemos a nosotras mismas en el espejo”. Comenta Lur Magdalena Vera.

Para protegernos, podemos dejar de regalarle nuestra atención a marcas y cuentas de influencers que nos venden restricciones estéticas disfrazadas de bienestar. O usar en redes el botón “no me interesa” o “mostrar menos contenido como este” ante noticias de este tipo para limpiar tu algoritmo. También es importante no opinar de cuerpos ajenos en nuestros círculos cercanos y animarnos a frenar este tipo de comentarios, concientizando a familia, amigos y compañeros.

Por último, recordemos que la salud y el bienestar no tienen un aspecto determinado. La belleza no es una sola y nuestra salud física y mental siempre debe ser la prioridad.

Este nota y video fue producida por corresponsales de la 3era generación del taller de Buena Data.