La dislexia se puede mejorar con estudio y estímulo. Nuestro corresponsal Marcos Donaire cuenta su experiencia como estudiantes y periodista, donde encontró un sistema propio para organizar información.
Una persona con dislexia no escribe ni lee mal, solo tiene su manera de hacerlo. Soy Marcos y mi manera de hacer periodismo es distinta a los demás. En lo académico nunca me fue mal, pero sí me costó aprender, comprender y analizar los contenidos.
¿Por qué a mí sí me cuesta estudiar y a mis compañeros no? Era la pregunta diaria pensando porque lo hago mal. A la hora de leer las palabras es todo un caos, porque se parecen a una ensalada de letras que debo unir y escribir: es el momento de confusiones. Colocar puntos y comas nunca fue lo mío; analizar respuestas es un acto de desesperación porque nunca llego a una conclusión, confundo palabras en el cuaderno o me salto una letra, como fecilidades o pblica en vez de felicidades y pública. Siempre se me complica escribir “excelente”. Por ejemplo, empiezo con la E, pero sigo con la C, después vuelvo a poner C, la L, ahí otra E… así estoy un buen rato, pensando mucho tiempo en cada letra.
Yo no comprendía, no sabía por qué lo hacía mal. Viví muchos años sin saber qué era la dislexia. Era consciente de que leía más lento o que me costaba demasiado escribir una palabra, o se me olvidaba. La tenía que buscar, usando el diccionario o Google. Lo más común, que me sigue pasando, es escribir una palabra y olvidarme una letra, que me cueste organizar los puntos o comerme alguna palabra o una letra a la hora de leer: en vez de decir “perro” leo “pero”.
Estudiar es el momento para frustrarme y decirme que nunca voy a llegar tan lejos. En la secundaria no quería pensar en el terciario porque me decía que no iba a poder lograr tener un título. Algunos profesores sospechaban que era disléxico. En el colegio, la de Ética me lo decía muchísimo. “Vos ya sos demasiado grande para escribir así. Tenés que dejar ese celular y ponerte a leer para mejorar”, me decía. Y yo leo, porque me gusta, no así como una pasión pero leo. Pero igual me costaba. Mis compañeros se me reían, era como que decían “el boludo este no sabe ni escribir”. Y no: sí sé escribir, pero no sé por qué no puedo. En mi casa, estando solo y tranquilo, lo hago bien.
Entre otras decepciones propias tuve que buscar herramientas para poder estudiar tranquilo y sin angustias. “¿Cómo puedo preparar mejor la materia?”, le pregunté a mi profe de historia en la mesa de exámen. Era una materia pesada y siempre llegaba a la etapa de compensación. Lo que él me propuso fue usar métodos de estudios.
Tomé el consejo de mi profe y vía Tiktok busqué “Métodos de estudios para la secundaria”. Algunos métodos no me servían, hasta que comencé mi carrera universitaria y aprendí a usar colores: mis carpetas se volvieron hojas de actividades pasadas por un arcoiris. Sí, cada cosa tiene su color.
Nubes para los títulos
Empecé a mejorar mi aprendizaje con mi método arcoiris, lo uso hace dos años y me aportó muchísimo. Consiste en tener a mano resaltadores y lapiceras de muchos colores y hacer la tarea subrayando y haciendo cuadros: rojo para personas, azul para lugares, amarillos los por qué. También hago cuadrados si la respuestas entran en el parcial y nubes para los títulos. Lo malo de este método es que me lleva mucho tiempo para hacer una actividad, pero lo bueno fueron las mejoras que se vieron en mí conocimientos y calificaciones. Me sirve tener un método y los colores me encienden algo en la cabeza.
También miro videos para aprender y en mis tiempos libres soy de mirar mucho Luzu. Siempre fue mi preferida una de las conductoras de Nadie dice nada, Mommi Giardina, porque a la hora de hablar y leer lo hace mal pero siempre lo maneja con humor. En un programa del 1° de octubre comenzó a hablar con seriedad. Faltaba una semana para el Día Internacional de la Dislexia. “No se considera una enfermedad, sino un trastorno específico del aprendizaje de origen neurobiológico con el que se nace, que dificulta el procesamiento del lenguaje escrito y la lectura, pero no está relacionado con la inteligencia ni con la falta de esfuerzo. Es una condición con la que se vive, pero que es manejable y superable con diagnóstico temprano y apoyo adecuado, a pesar de que no tiene una ‘cura’ como tal”, dijo.
A partir de su testimonio sentí el impulso de buscarlo. Hasta momento no tenía conocimiento de eso y me puse a investigar sobre esa palabra: “Dislexia”.
Ahí vi que lo tenía que tratar un psicólogo o un psicopedagogo. Hablé con una y al toque lo detectó. Ahí recordé todas las veces que sentía que leía más lento o que me costaba demasiado escribir una palabra, o se me olvidaba. Fui a la psicopedagoga dos semanas seguidas en 2024, de lunes a viernes a las 9 horas. Después dejé porque sentía que me enseñaba cosas básicas. Había ejercicios de leer letra por letra, palabra por palabra. Parecían ejercicios para más chicos, pero es un tratamiento que te ayuda bastante. Cuando descubrí que tenía dislexia yo seguía igual, estudiando con mi métodos y con mis tiempos. Por más que me siga costando colar letras y puntos, me di cuenta que mi manera de entender puede ser confusa al resto pero no para todos. Aunque algunos se rían, yo mejoré: ahora me cuesta, pero no tanto.
No hace falta un cartel
Me queda la duda de si conozco a alguien con dislexia. Obviamente yo no me voy presentando con un cartel en la frente que diga “Disléxico”, pero si lo tengo que contar o si surge alguna pregunta no tengo ningún problema en decirlo. Sí sé de varios famosos que confirmaron tener lo mismo: está Pampita, el director de cine Steven Spielberg o el actor Orlando Bloom.
La dislexia también se hace presente en el periodismo, algo que me apasiona. Para redactar una nota tuve que aprender a responder las 5w, que es una herramienta fundamental. Una vez que tengo todos los datos armo la cabeza de noticias como si fuera un rompecabezas: acomodo palabra por palabra y las piezas que terminan de armar la imagen del artículo. ¿Qué puedo hacer si me falta una de las preguntas? En su mayoría me puedo bloquear, pero aprendí a saltear pasos y continuar dando sentido a la noticia. Para mí, lo primero para superar la dislexia, es siempre y en todo momento marcar con un color la respuesta para poder avanzar.
Es esa la recomendación que le daría a la gente que tiene dislexia: escribir y señalar todo lo que les venga a la mente y leer cada día más. Así es posible ir mejorando. No hay que tener vergüenza, le pasa a mucha gente y no es ni siquiera una enfermedad.
Por eso no hay que frustrarse: se puede encontrar y avanzar con un método propio de lectura y escritura. A veces se trata sólo de encontrar el sentido de hacerlo bien, sin apuros y sin aprietos. Si no hay una respuesta, siempre se puede jugar con las palabras.