Inclusión

El partido más difícil sigue siendo la masculinidad

El fútbol lleva décadas mostrando algo que la sociedad todavía discute: que un hombre puede abrazar, llorar, emocionarse o querer a otro hombre sin que eso diga absolutamente nada sobre su masculinidad.

Confieso algo.

Yo también hice ese chiste.

También vi fotos de futbolistas abrazándose después de un partido y pensé: "Qué gays". Lo dije casi sin pensarlo, como quien repite un código aprendido hace años. Nunca me detuve a preguntarme por qué un abrazo entre hombres seguía llamándome la atención.

Hasta que un comentario perdido entre miles en X me frenó el scroll.

"Al mismo tiempo que pienso 'qué gay', caigo en la ficha de por qué el cariño entre hombres sigue siendo tan juzgado. Es tan necesario ver hombres demostrando sentimientos unos con otros".

La frase me incomodó.

Porque tenía razón.

Hoy hablamos cada vez más de salud mental y nuevas masculinidades. Les pedimos a los hombres que expresen lo que sienten, que lloren y que construyan vínculos más sanos. Sin embargo, alcanza con que dos futbolistas se abracen para que miles de comentarios vuelvan a usar la homosexualidad como un remate.

Paradójicamente, el fútbol siempre convivió con esa contradicción. Durante años fue asociado con la fuerza, la competencia y la virilidad. Pero dentro de una cancha los abrazos, las lágrimas y las muestras de cariño forman parte de la vidacotidiana.

Para Lautaro Casar, periodista especializado en deportes, esos gestos son parte del lenguaje propio del fútbol: "El significado afectivo dentro del fútbol es una de las bases del deporte. No es solamente un juego: es una comunidad atravesada por múltiples sentimientos y emociones".

Como ejemplo, menciona una de las imágenes más recordadas de la Copa América 2021: Lionel Messi, Neymar y Nicolás Otamendi abrazados en el túnel después de la final: "No era solamente el saludo entre colegas. Era una muestra de camaradería. Esa también es una de las caras del fútbol".

Sin embargo, cuando esas imágenes salen de la cancha, muchas veces cambian de significado. Para Casar, las redes sociales suelen transformar un gesto aislado en una discusión donde se pierde el contexto.

La escritora y activista feminista bell hooks, en El deseo de cambiar, ofrece una clave para entender esa reacción. Sostiene que una de las violencias del mandato masculino consiste en enseñarles a los hombres, desde chicos, a desconectarse de sus emociones para convertirse en "hombres de verdad". Abrazar, llorar o mostrarse vulnerable deja de ser una posibilidad y empieza a sentirse como una amenaza.

Para Juan Fernández, estudiante de periodismo deportivo, la discusión también está en entender que esos gestos no son nuevos dentro del fútbol: "Habiendo jugado al fútbol, siempre los vi como algo natural. Cuando compartís entrenamientos, viajes y momentos de presión con las mismas personas, es lógico que exista afecto. Son gestos que fortalecen la confianza dentro del grupo".

Fernández sostiene que quizás el cambio no está en que los futbolistas ahora expresen más cariño, sino en la exposición que tienen esas imágenes: "Las redes sociales hacen que cualquier situación pueda transformarse en una discusión. Muchas veces un gesto termina teniendo más repercusión que el propio partido".

Para Fernández, la masculinidad dentro del fútbol tampoco cambió de manera lineal. Incluso recuerda a Diego Maradona: usaba aritos, se teñía el pelo y mostraba afecto hacia sus compañeros sin que eso pusiera en duda su lugar como referente.

Pero esta discusión también tiene una historia más profunda. Durante décadas, el fútbol sostuvo un silencio alrededor de la homosexualidad. No porque no existieran futbolistas homosexuales, sino porque hacerlo público podía significar exponerse a insultos, prejuicios o consecuencias dentro de una carrera.

Por eso, cuando Nacho Lago se convirtió en el primer futbolista profesional activo de Argentina en declarar abiertamente su homosexualidad, su decisión trascendió lo deportivo. Su caso no fue solamente la historia de un jugador, sino la ruptura de una barrera que el fútbol argentino mantuvo durante años.

La reacción mayoritaria de apoyo mostró que algo está cambiando. Pero que siga siendo una noticia histórica demuestra cuánto queda por recorrer.

Desde la mirada del hincha, Augusto Pablo plantea que muchas burlas no hablan realmente de los futbolistas, sino de quienes las hacen: "Hay gente que todavía piensa que demostrar cariño entre hombres es motivo de burla. Siguen existiendo esos conceptos de que si abrazás o besás a otro hombre, sos menos hombre".

El problema, entonces, no está en el abrazo. Está en todo lo que proyectamos sobre él. El fútbol lleva décadas mostrando algo que la sociedad todavía discute: que un hombre puede abrazar, llorar, emocionarse o querer a otro hombre sin que eso diga absolutamente nada sobre su masculinidad.

Tal vez la pregunta ya no sea por qué dos futbolistas se abrazan. La verdadera pregunta es por qué nosotros seguimos buscando una explicación cada vez que lo hacen.

Porque mientras un gesto de ternura continúe generando más sospechas que un acto de violencia, el partido más difícil no se seguirá jugando dentro de una cancha.

Se seguirá jugando en la forma en que entendemos qué significa ser hombre.

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