Nuestra corresponsal Victoria Rodríguez cuenta la historia de la Sexta del hockey femenino de San Telmo. Esta crónica fue producida en el Taller "Narrativas de la Pasión" de Buena Data.
Victoria Rodríguez
Cada semana que pasaba, tres jugadoras dejaban el club. Para mitad de año, ya eran menos de cien jugadoras entre siete categorías. Todas debían jugar dos partidos, el de su categoría y el de la categoría siguiente para completar el equipo titular y tener suplentes. Entrenadores sin sueldos y entrenamientos limitados. Faltaban bochas, el equipo de arquera completo y una cancha grande para entrenar y ser local. Una deuda que no jugaba a favor del equipo marcaba su presente. Con cada vez menos presupuesto, el hockey femenino de San Telmo atravesaba uno de sus momentos más críticos a finales del 2017.
Mientras la crisis económica avanzaba, los cambios empezaron a sentirse dentro de la cancha. Los recursos disminuyeron y la incertidumbre resonaba entre las jugadoras de hockey.
“Estábamos peleando los playoffs. Nos habían cambiado los entrenadores en un momento a mitad del torneo [...] Teníamos la cancha grande dos veces por semana. Después empezaron a disminuir, empezamos a ir a la cancha grande solo una vez a la semana”, recuerda Candela Starck, quien integraba la quinta división de aquel entonces. Los cambios también impactaron en la dinámica del equipo: “Los entrenadores también cambiaron el equipo, porque tenían una idea de juego diferente a lo que venían planteando los anteriores”.
La situación generó dudas sobre la continuidad misma de la actividad. La mayoría de jugadoras se fue a buscar otros clubes, ya que se dio a entender que el hockey no seguía. La especulación se mantuvo hasta el último momento: ¿se sigue o no se sigue? Quienes querían continuar se preguntaban: “¿Qué hago? ¿Me quedo sin club o voy a buscar otro?”.
En medio de un panorama incierto, el futuro del hockey femenino quedó atado a las decisiones del club. Cuando la continuidad parecía muy lejana, Anabella Santana asumió la coordinación con el objetivo de sostener el proyecto y evitar que el hockey desapareciera de San Telmo.
La crisis impactó rápidamente en la actividad: “La primera crisis fue la económica. [...] Muchos padres tomaron la decisión de retirarse e ir a probar otros clubes. Traté de retenerlos lo más que pude”, recuerda Anabella.
Rendirse no era una opción para la coordinadora, por lo que decidió seguir por aquellas que eligieron quedarse y gracias a eso, el esfuerzo colectivo empieza a tomar poder contra la crisis: “En realidad después se sumaron otros padres con mucha colaboración, mucho pulmón, mucho todo. Los entrenadores eran gratis, no les pagaban. El hockey es una familia”.

Si bien la crisis económica que enfrentaba el club era grande, también había una crisis interna dentro del hockey. Se le debía a la Asociación de Hockey de Buenos Aires, no se podían comprar las cosas del tercer tiempo: las bebidas y la comida que se le ofrece a las jugadoras de ambos clubes luego de sus partidos. Aún así, sellegó a un acuerdo con el club y sus dirigentes, logrando pagar la deuda con la asociación y seguir adelante.
Aunque parecía que los problemas estaban resueltos, uno nuevo se sumó a la lista: la falta de espacio para entrenar. “Se pusieron a hacer la cancha 2, que es donde entrenan las chicas de hockey acá en el poli, y no teníamos espacio donde ir a entrenar. Fueron meses de decir ¿qué hacemos? Íbamos a Daom los lunes y los miércoles, y un tiempo fuimos a alquilar a Nikkei”. Sin cancha propia, cada entrenamiento implicaba un gasto más y un esfuerzo más debido a las distancias. Las jugadoras debían repartirse en distintos autos o ver como llegar por cuenta propia cuando no alcanzaba para el micro. Al entrenar solo una vez por semana en cancha grande, ese momento se volvía clave para trabajar jugadas como los córners cortos o los flicks.
El espacio con el que contaban en las canchas del Polideportivo de San Telmo, e incluso en Nikkei, era muy reducido. “Acá, al tener una canchita de baby fútbol, es más difícil, porque tenés que meter a siete categorías más la escuelita”, explica Anabella.
A pesar de todos los obstáculos que enfrentó la actividad sucedió algo inesperado.
En el año 2022, la Sexta división, una de las categorías inferiores del hockey, logró salir campeona de su zona y logró clasificar a la final de los playoffs, tras una temporada en la que ganó la mayoría de sus partidos, con una sola derrota y muy pocos empates.“Fue una emoción bárbara. Porque nosotros somos un club chico a la hora de hablar de hockey. Nunca ascendimos. Somos de los más bajos a nivel, y de repente tenerlas en lo más alto, así sea de la última tira, fue un orgullo”, recuerda la coordinadora ante la noticia de la clasificación.
Detrás de aquella clasificación había un trabajo silencioso que se había construido a lo largo de la temporada. “Eso nos ayudó un montón, que eran muchas en cantidad. No todas se conocían hace bastante, pero tenía un grupo bien formado que era como el núcleo del equipo que podía ser como la columna del resto que iba subiendo.” comentó la entrenadora de aquella categoría, Candela Starck.
Si bien el plantel era numeroso, su compromiso y dedicación fue el punto clave. “También fue absolutamente todo de las chicas que no faltaban a un entrenamiento. Eso fue una parte clave”, recuerda la entrenadora.
A pesar de haber comenzado el año con un grupo numeroso, a mitad de temporada la situación cambió. Varias jugadoras dejaron el equipo y el plantel comenzó a quedar justo para completar las once titulares y el banco de suplentes.
Sofía Zajur, una de las jugadoras de aquella Sexta, recuerda: “Ese año particularmente fue un muy buen año de la Sexta. [...] El partido contra ellas que jugamos, yo me acordaba que había sido re difícil, pero que lo ganamos. Pero no era en la misma instancia en la que llegamos a los Playoffs, porque éramos muchas menos”. Con el plantel reducido al mínimo, incluso tuvieron que volver a contactar a jugadoras que habían dejado el equipo durante el año. “Fuimos un plantel muy numeroso y después en los playoffs, a mitad de año todas se bajaron, tuvimos que llamar a un par a ver si venían”, agregaba Magdalena Abal Medina, otra de las jugadoras de aquel equipo.
A pesar de las dificultades para completar el plantel, el equipo logró llegar a la instancia final del torneo. Para muchas de las jugadoras era la primera vez que disputaban una definición de este tipo. “Fue una experiencia inolvidable, porque era nuestro primer playoff a nivel equipo y personal”, recuerda Irina Herrera. Los días previos al partido también quedaron grabados en la memoria del equipo. “Me acuerdo cuando concentramos en el club, creo que eso también nos unificó más como equipo”, cuenta Florencia Costas.
El resultado no fue el esperado, perdiendo 1 a 0. “Ellas eran muy superiores y obviamente que con los nervios y que sabíamos que posiblemente lo perdíamos. Me acuerdo que salimos re tristes”, recuerda nuevamente Sofía.
Con el pasar del tiempo, ese partido se convirtió en una enseñanza para las jugadoras: “Aprendí que no todo se da como uno quiere y que la derrota también es parte del deporte”, reflexiona Irina.
A pesar de aquella derrota, el recorrido de ese equipo marcó un punto importante para el hockey femenino del club. Para Anabella, el presente de la actividad refleja el esfuerzo que se sostuvo durante los años más difíciles. “Si me retrocedo diez años atrás, hoy estamos diez de diez. Hay un grupo lindo en cada categoría y todas tiran para el mismo lado”, afirma.
Si las propias jugadoras tuvieran que definir al hockey femenino de San Telmo en una sola palabra, las respuestas varían: paciencia, perseverancia y adaptación. Tres conceptos que resumen la historia de un equipo que atravesó una crisis, se reconstruyó y sigue soñando con crecer dentro de un club que busca consolidar su lugar en el hockey.
En un club barrial donde los recursos escasean, la actividad logró sostenerse gracias al compromiso colectivo. “Si no hubiéramos tenido un grupo que tirara para el mismo lado, la crisis hubiese sido mucho más difícil”, sostiene Santana. Entre entrenamientos en canchas prestadas, viajes en colectivo y el esfuerzo de jugadoras, entrenadoras y familias, el hockey de San Telmo logró algo más que llegar a una final: aguantar la incertidumbre y salir adelante como equipo.