Nuestra corresponsal Mía Cancela entrevistó a uno de los directores de "El futuro imposible", Antonio Balseiro, documental animado que busca encontrar una alternativa para crear un destino ecologista y equitativo.
“Hay algo que es muy importante: el pesimismo asusta, paraliza, y es muy fácil ser pesimista cuando se lee en los diarios": esa es una de las partes de nuestra conversación con Antonio Balseiro, codirector junto con Martín Haas de El Futuro Imposible, un documental animado de 10 capítulos breves que se puede ver en Youtube de manera gratuita.
En diálogo con Buena Data, cuenta que la producción busca "enfrentar las malas noticias pero manteniendo el optimismo. Se trata de obligarnos a ser optimistas para poder seguir defendiendo los ecosistemas y la redistribución". "La verdad es que el futuro de la humanidad y de los ecosistemas parece bastante problemático, problemas sobran, pero pusimos el foco en las soluciones”, resume Antonio, que repasa en el documental distintos temas con una perspectiva esperanzadora frente a la injusticia y el cambio climático.
Segun él "estaría bueno que la juventud se dé cuenta que están viviendo un modelo hecho por viejos del siglo XX, que creían que los recursos eran infinitos, que el mundo era indestructible. El mundo que les toca a ustedes es muy distinto, es un mundo frágil con recursos súper limitados”.
Buena Data (B.D.): ¿Cómo surgió la idea de crear Futuro Imposible? ¿Cómo fue el desarrollo y los obstáculos que tuvo este proyecto?
Antonio Balseiro (Antonio): En el año 2008 hubo una crisis económica grande, se rompió una burbuja inmobiliaria en Estados Unidos y cayeron las bolsas del mundo. Los gobiernos tuvieron que salir a rescatar a los bancos, los cuales se quedaron con un montón de plata de los contribuyentes. Eso, a un grupo de amigos y amigas y a mí, nos dio mucha bronca. Nos pareció muy terrible ver que la riqueza se concentraba, que los banqueros especulaban y hacían cada vez unas cifras más desmedidas de plata, y que encima cuando les iba mal tenían que sacar plata para rescatar sus malos negocios que en nuestra opinión tendría que ir a educación, a parques nacionales o a ciencia.
Entonces empezamos a hacer una investigación para hacer un documental en dibujos animados, porque yo siempre me dediqué a los dibujos animados, y entendíamos que era una herramienta poderosa para poder contar algunas cosas. Con lo cual, Martín Haas (otros de los realizadores) se fue a un curso de ecoaldeas y permacultura, y volvió con la cabeza bastante cambiada; llena de ideas nuevas. Decía que teníamos que poner foco en las soluciones. Parecía bastante raro porque estábamos todos enojadísimos con esta estafa. Él decía que hay que dejar de criticar el capitalismo y empezar a hablar de un sistema que lo reemplace y a pensar en el poscapitalismo, y hay que hacerlo con optimismo, con ecología y con pensamiento colectivo.

La verdad es que le costó un poco convencernos, porque sonaba bastante hippie al principio y parecía raro que la solución a los problemas de la humanidad exista y no la estemos aplicando. Pero cuanto más empezamos a investigar, nos fuimos dando cuenta que hay muchas ideas muy buenas y muchas soluciones a los problemas de la humanidad que no estamos aplicando. Entonces nos dimos cuenta de la importancia de contar esto de un modo atractivo y entretenido, porque pareciera muchas veces que la humanidad enfrenta problemas que no tienen solución, que no queda otra que explotar, no nos queda otra que dinamitar los glaciares, no nos queda otra que dejar nuestros mares sin pescado, o que talar los bosques y plantar soja. Pero hay miles de alternativas y soluciones y nos cuesta imaginar un mundo donde se aplican. Así que el futuro imposible es un ejercicio colectivo para tratar de imaginar un futuro donde todas estas soluciones que ya existen se aplican.
B.D.: ¿Cómo crees que se puede resolver la paradoja de economía y ecología respecto a producir y consumir cuidando los ecosistemas?
Antonio: El problema acá es que nos hacen creer que necesitamos a la agroindustria para alimentar la gente. Hay un montón de cosas que creemos y que en realidad están fundamentadas en mentiras, errores o creencias imprecisas. Cuando hablamos de economía y hablamos de imaginar un sistema económico que no daña el medioambiente, pero que genera empleo y riqueza. El economista Christian Felber habla de la economía del bien común. Entonces, yo creo que si empezamos a pensar en la economía del bien común lo que hace es aumentar que las cosas que no dañan al medioambiente y que redistribuyen la riqueza sean exitosas y que las actividades que dañan más el medioambiente o concentran la riqueza valen más impuestos. De ese modo equipara un poco las cosas y nos ayuda a construir un mundo más equitativo y más saludable.
Si imaginás un mundo donde hay más economía del bien común, más permacultura, podés imaginarte que tal vez existe una economía que puede crecer, redistribuir, generar empleo y no solo no dañar el ecosistema sino empezar a mejorarlo. ¿Por qué no podemos pagarle a la gente para que reforeste? ¿Por qué no podemos pagarle a la gente para que limpie los mares? ¿Por qué no podemos pagarle a la gente para que saque toda la contaminación que ya generamos? Podríamos hacerlo. Eso generaría un crecimiento económico y generaría empleo.
B,D.: Hablan en la serie de la idea de la revolución de las disciplinas para crear este cambio ambiental y social que vos bien definís. ¿Cómo el sistema educativo universitario está también incentivando este modelo? ¿Y cómo se puede cambiar a través de la educación?
Antonio: Yo creo que antes de atacar al sistema educativo, debemos reorientar nuestra imaginación colectiva. ¿Por qué es qué nos cuesta tanto imaginar un mundo sin basura, un mundo sin pobreza, un mundo sin destrucción? Entonces, ¿cómo puede ser que una sociedad a la que le cuesta imaginarse un futuro optimista, que crea que no nos queda alternativa que talar los bosques para plantar soja o dinamitar los glaciares para tirar veneno y obtener minerales, puede llegar a generar un sistema educativo adecuado para el siglo XXI? Claramente el problema es que tenemos un sistema educativo que refleja una sociedad consumista y extractivista y lo que tenemos que cambiar es nuestra forma de ver el mundo y a partir de ahí van a cambiar un montón de cosas.
Otra cosa que pasa es que yo creo que va a ser difícil generar empleo para tanta gente en el futuro. Si dejamos la generación de empleo solamente en manos del mercado, que es una de las propuestas actuales, entonces nunca le vamos a poder pagar a alguien para que limpie el mar.¿Por qué? ¿Quién le paga en el mercado? La manera de pensar el futuro del empleo seguramente tiene que ver con superar la idea de que el mercado nos va a regular todas nuestras actividades.
Entonces, si pensamos en un mundo en el que seguramente no va a haber tanta competencia laboral porque la inteligencia artificial va a dejar a mucha gente sin trabajo, vamos a tener que encontrar otra manera de organizar nuestro propósito y nuestra labor y seguramente eso también modifique mucho el sistema educativo, ya que actualmente nos da las herramientas para entrar en un mercado laboral competitivo.

B.D: Actualmente tenemos un montón de problemáticas ambientales, muchos ataques por parte de los gobiernos y corporaciones al cuidado del ambiente y en los proyectos extractivistas, ¿cuál crees que hoy es “El dorado” de Latinoamérica, del mundo, que mencionás en la serie, y cuáles son las dinámicas actuales del extractivismo?
Antonio: Creo que Latinoamérica tiene como mínimo dos grandes riquezas, que son la biodiversidad espectacular que tiene que es incuestionable. Pensamos enseguida en el Amazonas, pero tenemos todos los ecosistemas, tenemos el océano Pacífico, el océano Atlántico, los Andes, glaciares, desiertos, con toda la vida que hay en un desierto también, aunque no la veamos a simple vista.
La segunda riqueza que tiene Latinoamérica es la cultural ya que tiene un montón de culturas diferentes. Latinoamérica se queda muy corta porque hay muchas personas de este continente que no son latinas, que ni siquiera hablan como primer idioma una lengua latino, y que tienen muchísimo conocimiento. También hay grandes científicos y movimientos culturales que tienen más que ver con la globalización.
Así que para mí las dos grandes riquezas son los ecosistemas y la cultura. Entonces, si abrazamos la diversidad de ecosistemas y la diversidad cultural que tenemos, podemos salir adelante mucho mejor que si proponemos dinamitar nuestros glaciares, talar nuestras selvas y nuestros bosques, y venderle materia prima a los del primer mundo. No me parece un buen plan a largo plazo; solamente lo es para los dueños de la minera o de la soja, pero son muy pocos. Yo hablo de un buen plan más inclusivo que para el dueño de una mega minera que muchas veces ni siquiera es latinoamericana.
B.D,: ¿Cuál es el papel de la sociedad en la lucha climática en comparación al auge de las marchas en 2019? ¿Porque a varias personas no les llega el mensaje de la emergencia climática?
Antonio: Yo creo que hay varios problemas. Uno es que en las ciudades estamos muy desconectados de la naturaleza. Ni siquiera te das cuenta en la naturaleza si hay luna llena o no. Creo que la gente que vive más cerca de la naturaleza se va a dar cuenta antes del daño que estamos generando y ya se dan cuenta en muchos lugares.
Así que diría que uno de los motivos por los cuales tardamos en reaccionar es que vivimos en ciudades mirando pantallas y nos cuesta entender el daño que estamos haciendo. La mayoría de la gente se entera del daño que le hacemos al medio ambiente a través de un celular, no a través del medio ambiente.
Hay muchos lugares que se están deshidratando en el mundo, está subiendo la temperatura y todo eso va a tener consecuencias que tarde o temprano van a hacer que la población reaccione. Entonces, que la población va a reaccionar no hay duda, la pregunta es cuándo, porque cuanto antes reaccione mejor y más vamos a poder salvar. Cuanto más tardemos en reaccionar, peor y más difícil le vamos a dejar el camino a nuestros nietos.

B.D: Esta nueva realidad de los gobiernos que niegan el cambio climático, ¿cómo se refleja en la realidad actual de Latinoamérica, y en especial en Argentina, ante los avances de los gobiernos extractivistas? ¿Y por qué ahora impulsan de forma contundente proyectos contaminantes, sabiendo que estamos muy cerca del punto no retorno?
Antonio: Yo lo asocio un poco al terraplanismo, tiene que ver con la caída de la verdad, del uso de la razón y del sentido común. Aparece esto en uno de los capítulos, cuando llegó Internet, había mucho entusiasmo con el poder democratizador de esta herramienta. En realidad, con las redes sociales, los algoritmos e Internet se transformó en una máquina de convencernos de que tenemos razón porque nos muestra siempre lo que queremos ver. Entonces Internet se transformó en una especie de espejo deforme, que nos muestra lo que sabe que queremos ver. Encima nuestro cerebro siempre prefiere tener razón que asumir que puede estar equivocado, y de repente tenemos gente que cree que la tierra es plana.
Entonces, a partir del momento que podés negar que nuestro planeta es redondo, podés negar casi cualquier cosa. En función de facturar un poquito más el año que viene, porque creo que esas formas de ver el mundo son muy inmediatas, lo único que quieren es que su empresa facture un poquito más el año que viene y que suban las acciones.
B.D: Si tuvieras que rehacer la serie de nuevo, ¿sacarías algo o qué agregarías? ¿Qué crees que te faltó viendo ahora en retrospectiva?
Antonio: Qué linda esa pregunta porque nunca lo verbalice. Creo que hubiese hecho el primer capítulo un poco más optimista. Siento que las buenas noticias tardan en llegar porque arrancan recién al final del primer capítulo y después van del segundo y el tercero y ahí van apareciendo. Pero creo que cuando empezamos a escribir el mundo no era tan oscuro como es hoy y creo que en un mundo tan oscuro como el de hoy la gente se merece enseguida un poco más de buena onda y el mimo de las soluciones.
También si hubiese tenido todos los recursos, hubiese hecho más música original con los músicos y músicas con los que trabajamos porque en muchos casos nos tocó usar música que ya existía remixeada. La verdad que los momentos donde usamos música hecha por nuestros amigos y amigas son mis favoritos.
B.D: Para ir cerrando, ¿qué nuevos proyectos estás desarrollando?
Antonio: El Futuro Imposible se transformó en una fundación que se dedica a la educación ambiental. Armamos una guía para colegios secundarios que ya bajaron como 500 profes y que nos genera mucho entusiasmo saber que están en las aulas cobrando vida.
Hicimos una campaña sobre la Ley de Glaciares y estamos trabajando en un espacio en una isla en el Delta, cerca de Buenos Aires, armando una reserva natural y tratando de armar un espacio donde podamos aprender colectivamente a vivir de otra manera. Queremos empezar a aprender a producir nuestra comida y también a comprar comida de productores locales, a producir nuestra energía, a reciclar nuestra basura, reinsertar plantas nativas, trabajar de un modo más cooperativo y horizontal y empezar a poner en práctica todas estas ideas.
Después seguimos haciendo animación y en películas, pero tal vez esta idea de en este momento en el que hay tanto exceso de pantallas nos resulta particularmente inspiradora la idea de juntarnos con otras personas en la naturaleza, hacer un fogón y compartir ahí un momento colectivo e imaginarnos otras formas de vivir en la realidad y no estar siempre frente a una pantalla y haciendo discursos.