Organizaciones piden hace décadas la sanción de un marco regulatorio que protejan ese bioma. Nuestra corresponsal Mía Cancela nos detalla en qué situación se encuentra ese reclamo.
En febrero se celebra el Día Mundial de los Humedales con el propósito de concientizar acerca de la importancia de los humedales para la humanidad y la naturaleza.
Los humedales son ecosistemas que no solo tienen una importancia para la naturaleza, sino también para la sociedad, las distintas culturas y en la economía. En todo el mundo, más de 1000 millones de personas dependen de los humedales como medio de subsistencia. Son esenciales para las comunidades y la naturaleza por los beneficios y servicios que proporcionan como el suministro de alimentos, el transporte y las actividades económicas que generan empleo, como la pesca y el turismo.
Parte fundamental que atraviesa estos ecosistemas es el agua que es esencial para la biodiversidad que habitan en ella y la relaciones en el entorno. Asimismo, regulan el agua, incluyendo el control de las inundaciones y la purificación del agua. Es el hábitat del 40% de todas las especies de plantas y animales y cubre alrededor de 6% de la superficie terrestre.
Sin embargo, desde el 1700 desapareció el 87% de la superficie de los humedales en el mundo y solo en los últimos 50 años se perdió el 22%. Actualmente, estos ambientes sufren riesgo por el rápido crecimiento de la población, la producción y el consumo insostenible, la sobreexplotación de recursos, las especies invasoras, el desarrollo tecnológico y el cambio climático y avance de intereses privados y corporativos sumado a la ausencia de políticas de protección
Como es el caso de los humedales andinos (Argentina, Chile y Bolivia), donde hay salares, lagos y lagunas, que avanza su degradación y destrucción ya que concentran más del 53 % de las reservas globales de litio que es demandado por el norte global, lo que impulsa su extracción. La minería de litio, de cobre y de otros minerales se requiere para el modelo de transición energética para insumos para la electrificación de vehículos, el almacenamiento de energía de fuentes renovables, con el objetivo de cesar el uso de combustibles fósiles. En consecuencia, ejerce una fuerte presión sobre estos ecosistemas y las comunidades que los habitan, entre ellas las comunidades indígenas.
En Argentina se estima que aproximadamente el 21% del territorio está cubierto por humedales. Existe una diversidad de humedales en los distintos climas que tiene el país como el Delta del Paraná, los Esteros del Iberá, zonas costeras estuarinas y marinas, salares y asu vez que hay pequeños humedales como mallines, vegas, barreales o bañados que son fundamentales como proveedores de agua dulce y hábitat de una rica diversidad biológica.
De la misma forma, sufren la degradación y deterioro por avance de la agricultura, la megaminería, la expansión urbano‐industrial y el desarrollo de emprendimientos urbanos sobre planicies de inundación, lo que produce una disminución de los beneficios ecosistémicos que brindan a las comunidades locales. Al mismo tiempo, se está afectando a la fauna y flora que habitan en estos ecosistemas al alterar un ciclo que garantiza el agua potable y la vida.
Desde hace 15 años, se demanda por una Ley de Humedales que protejan y conserven a estos ecosistemas. Los proyectos siguen siendo cajoneados sin que prospere y se tenga una herramienta legal efectiva para crear un inventario, diseñar un presupuesto para su conservación, restauración y uso responsable y fortalecer el ordenamiento participativo de las áreas cubiertas por humedales
Estos ecosistemas son el fundamento mismo de la vida en la Tierra. Allí se conservaron conocimientos y saberes para que todas las generaciones puedan enfrentar tiempos de crisis ambiental y actividades extractivas, pero con pleno respeto a los derechos humanos y los límites planetarios. Es momento de dar un paso al frente y avanzar en nuevas medidas.