Los niños nacidos a partir de 2010 son la primera generación en crecer en un mundo donde las pantallas, los algoritmos y las redes sociales forman parte de la vida cotidiana. Internet para ellos no es una novedad, sino su entorno para aprender, explorar y relacionarse.
Ailín Bonetto
A partir de 2007, con la aparición del primer iPhone, y especialmente entre 2010 y 2012, la tecnología dio un giro que transformó la vida cotidiana. Los teléfonos inteligentes comenzaron a masificarse, surgieron aplicaciones como Instagram y las redes sociales dejaron de depender de una computadora para instalarse en el bolsillo de millones de personas. Internet pasó de ser un lugar al que se ingresaba a convertirse en un espacio que acompaña permanentemente.
Es en este contexto donde nació la Generación Alfa justo cuando las pantallas dejaron de ser una herramienta ocasional para convertirse en una presencia constante dentro del hogar, la escuela y los espacios de recreación.
"Uso el teléfono más o menos desde los seis años y paso entre cinco y siete horas en él todos los días. Normalmente solo busco hacer otras cosas cuando se me queda sin batería o mi mamá me reta", cuenta Julia, de 12 años.
El uso de la tecnología forma parte de la rutina diaria de muchos chicos y chicas. Sin embargo, distintos especialistas y organismos internacionales comenzaron a preguntarse qué ocurre cuando las pantallas reemplazan experiencias fundamentales para el desarrollo infantil.
UNICEF señala que, para que el cerebro pueda desarrollarse adecuadamente, necesita estímulos provenientes del mundo exterior y tiempo para procesarlos. En ese sentido sostiene que: "Mientras que leer libros de cuentos en voz alta les da a los niños tiempo para procesar palabras, imágenes y voces, la constante absorción de imágenes y mensajes en pantalla afecta su capacidad de atención y enfoque".

Además, el organismo advierte que mientras un chico permanece frente a una pantalla deja de realizar otras actividades esenciales para su desarrollo, como el contacto con otros niños, la exploración del entorno, el vínculo con la naturaleza, los tiempos de espera e incluso el aburrimiento.
Lejos de ser una pérdida de tiempo, estas experiencias cumplen un rol fundamental durante la infancia. El juego libre favorece la creatividad, el contacto con otros permite desarrollar habilidades sociales y aprender a resolver conflictos, mientras que los momentos de espera y aburrimiento impulsan a los niños a imaginar, explorar e inventar nuevas formas de entretenerse. Cuando gran parte del tiempo libre es ocupado por las pantallas, estas experiencias pueden quedar relegadas, no porque la tecnología sea perjudicial en sí misma, sino porque desplaza actividades esenciales para el desarrollo.
"Utilizo más que nada TikTok, Instagram y Roblox", dice Kevin, de 10 años.
"Lo que más me gusta son los Shorts de YouTube, TikTok y el GTA", comenta Catalina, de 8 años.
Las aplicaciones y plataformas que utilizan millones de chicos y chicas todos los días están diseñadas para mantener la atención del usuario durante el mayor tiempo posible. Por lo que la desconexión muchas veces resulta difícil no solo para los niños, sino también para adolescentes y adultos. Sin embargo, reducir el debate únicamente a los riesgos sería simplificar un fenómeno mucho más complejo.
La organización Chicos.net sostiene que las tecnologías "son mucho más que dispositivos o herramientas que tenemos que aprender a utilizar: son espacios que habitamos, que 'nos habitan', nos transforman, que desempeñan un papel protagónico en nuestra época y toman cada vez más lugar en nuestras prácticas cotidianas."
El mismo informe plantea que el ecosistema digital ofrece oportunidades para crear, aprender, producir contenidos, comunicarse, desarrollar habilidades y construir la propia identidad. Los chicos y chicas pueden informarse, diseñar, editar, programar y acceder a conocimientos de distintas partes del mundo.
Además, Chicos.net sostiene que el desafío no consiste en dejar de usar la tecnología, sino en aprender a utilizarla de manera consciente. El propio informe destaca la importancia de promover un "tiempo de calidad" frente a las pantallas, favoreciendo actividades que estimulen la creatividad, la imaginación, la comunicación y la resolución de problemas, por sobre aquellas que se limitan al consumo pasivo de contenidos. De esta manera, las tecnologías pueden convertirse en una herramienta para aprender y crear, en lugar de reemplazar otras experiencias fundamentales para la infancia.
Por eso, el desafío no consiste en eliminar la tecnología, sino en promover su uso consciente y distinguir cuándo el tiempo frente a las pantallas representa una experiencia enriquecedora y cuándo se convierte únicamente en consumo pasivo.
"Gracias a videos en YouTube aprendí sola a programar y editar videos", cuenta Morena, de 15 años.
Las pantallas forman parte de la infancia de la Generación Alfa por lo que frente a este escenario, el gran desafío no es prohibir su uso, sino acompañar a niños y adolescentes para que la tecnología no reemplace experiencias fundamentales como el juego, el contacto con otras personas, la exploración y el aprendizaje fuera del mundo digital.
El equilibrio, más que la prohibición es la herramienta fundamental para convivir con un entorno que seguirá siendo cada vez más tecnológico y no perder estos aprendizajes esenciales que ninguna pantalla puede dar.