La expresión es conocida: "El trabajo de mis sueños". Siempre más relacionado a una vocación, ahora ese ideal se vuelve utopía por la distancia que se extiende hasta consolidar un ingreso económico.
Terminar el secundario, estudiar la carrera que nos gusta y poder trabajar de eso podía ser el plan de vida de la mayoría de nosotros. Pero los datos nos muestran una realidad bastante más compleja. Según el informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la UCA, 7 de cada 10 jóvenes (18 a 25 años) en Argentina están inactivos, desocupados o tienen un empleo informal.
“No me alcanza como a muchos. Y obviamente trabajo en negro. Osea, obra social ¿Dónde?”, dice un chico en esta nota de El Destape. El empleo informal y las condiciones de precarización se volvieron un patrón constante de nuestro primer trabajo (aunque de los siguientes también). En un país donde solo el 14% accede a un empleo pleno de derechos, tan solo imaginar un trabajo con vacaciones pagas, aguinaldo o jubilación se vuelve cada vez más distante.
Pero también es verdad que hay un mundo del trabajo que se transformó radicalmente en los últimos años. La posibilidad de mantenerse estable en un solo puesto a lo largo de los años fue reemplazada por un mercado cada vez más volátil, donde crece el pluriempleo y los trabajos por tareas puntuales. Las plataformas tecnológicas y el auge del emprendedurismo como la opción de poder “ser tu propio jefe”, sin horarios y con más autonomía, oculta nuevas formas de explotación con menos derechos laborales y luchas contra algoritmos.

El acceso a la educación superior para conseguir empleos de mejor calidad también demuestra desigualdades estructurales que impactan en el trabajo: mientras que el 69% de los jóvenes del estrato medio alto inició o completó estudios superiores, el 64,7% del estrato muy bajo no terminó la secundaria. A pesar de que la universidad pública garantice que cualquiera pueda estudiar gratuitamente, las condiciones para hacerlo mientras se sostienen jornadas laborales de más de 8 horas no son las mismas. Solo el 13% de los encuestados logra combinar trabajo y estudio, y el 39,7% trabaja sin estudiar.
La reforma laboral aprobada en marzo traía la promesa de “flexibilizar” los contratos de trabajo, incorporando cambios en el modo de pago de las horas extras, las indemnizaciones y las vacaciones. Según el gobierno, estos beneficios para los empleadores traerían un aumento del trabajo formal por el menor costo de contratar nuevos empleados. ¿Pero es realmente esta la respuesta a la crisis de empleo? Mientras se trataba la reforma hicimos este video, donde jóvenes de todo el país nos contaron sus experiencias al ir a buscar su primer trabajo.
"Nos enfrentamos a una narrativa de que los pibes no queremos trabajar, pero la realidad es otra porque es costumbre que los primeros trabajos sean precarizados", afirma Candela al hablar de un mercado de alta flexibilización. Mientras que Facundo considera que “el acceso al primer empleo sigue siendo una barrera muy grande. La mayor dificultad es que se exige experiencia que no se puede conseguir si nadie da la primera oportunidad”.
La salida no puede ser debilitando todavía más las condiciones laborales que ya existen. Lo que necesitamos son más y mejores públicas que permitan sostener las trayectorias educativas, articular los espacios de formación con empleos de calidad y dar respuestas particulares a cada contexto social. Si no todos entramos con la misma base de oportunidades al mercado laboral, las soluciones del Estado tienen que apuntar a igualar esas condiciones.