Redes sociales

Cuentas promo: del chiste al hate en un scroll

Nuestra corresponsal Martin Bonino detalla una nueva modalidad de escrache llegó a las redes sociales: revelar secretos e insultar desde el anonimato a los compañeros del colegio en su cumpleaños.

La escuela secundaria se convirtió en una gran industria repleta de festejos, fiestas, tradiciones y una fuerte carga en redes sociales. En el penúltimo año, los estudiantes arman la famosa “cuenta promo”, una cuenta de Instagram manejada por los estudiantes que lleva el nombre de la institución y el año de promoción.

En estas cuentas se difunde información sobre fiestas realizadas con otros colegios, se suben fotos de los viajes de egresados, se comparten “cuentas regresivas” para las recepciones u otros eventos y otras difusiones. Sin embargo, hay una que acapara la atención de sus seguidores y que preocupa a estudiantes y familias: “Las descripciones”.

“Las descripciones” son una tradición que circula hace unos años en las cuentas promo. En ellas, durante la jornada de cumpleaños de uno de los estudiantes se publica un carrusel con fotografías tipo “escrache” (videos besando a otras personas, fotos con poca ropa, de pequeños, comprometedoras, etc), junto con una “descripción”-en el mismo post-, donde se escriben secretos sobre el egresado. Entre las más comunes se encuentran “el pasado oscuro” (listado de las iniciales de las personas con las que estuvo), “sueños frustrados”, “habilidades” y la principal “curiosidades”. Acá es donde la mayor humillación acontece. Se describen momentos vergonzosos del supuesto agasajado, detallando emociones, lugares y personas involucradas.

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Lila desde pequeña fantasea con cumplir 18. Se ve más grande, asumiendo nuevas responsabilidades y emocionada por comenzar la facultad. Pero a Lila algo no le contaron de pequeña: que la noche previa a su cumpleaños y “su día” se asemejarían a una pesadilla.

Son las cuatro de la tarde del día de cumpleaños de Lila. Fue a la escuela, festejó con su amigos llevando una torta y recibió saludos de sus profesoras favoritas. En los recreos, Lila le rogaba a sus amigas que le mostraran al menos una parte de su descripción, porque los nervios le formaban un nudo grandísimo en el estómago que no le permitía ni comer.

Las amigas, entre risas y miradas cómplices, se negaban y le decían a Lila que esperara a la nochecita, que ahí saldría publicada en la cuenta promo. 

-Bueno, pero no pongan nada sobre aquel chico con el que estuve en tercero, ya saben que estaba medio loco -les pidió Lila, rendida con su misión.

No recibió ni un sí ni un no, sino un revoleo de ojos de sus amigas y más risas cómplices.

-¡Ay no seas exagerada, Lila! Tampoco es para tanto.

No es para tanto.

Para nadie nunca era para tanto.

Pero para Lila, lo que dijeran de ella en su día, representaba el mundo entero.

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A simple vista, las cuenta promo pueden parecer una simple diversión de adolescentes. ¿Pero qué hay detrás de la pantalla? ¿Quién se encarga de filtrar qué se publica y qué no? ¿Qué efectos traen estas cuentas en las adolescencias?

Como estudiante de último año de escuela secundaria, el efecto que estas cuentas provocan en mí y en mis compañeros me preocupan profundamente. Me cuesta dilucidar entre los límites de la diversión y la violencia.

Vi en reiteradas ocasiones el estrés y la ansiedad que mis compañeras sufrían horas antes de que se publicara su descripción. Ese temor al qué dirán, a las repercusiones y a la viralización hacen que lo que debería ser una jornada de festejo se convierta en momentos de ansiedades y miedos. 

Una vez publicada la descripción, algunas de mis amigas no iban al colegio al día siguiente. Les daba vergüenza reducirse a la etiqueta que le habían puesto en redes sociales.

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-A Lila la defenestraron- dijo un chico de cuarto año el día siguiente a que se publicara la descripción.

-Sí, mal. La verdad que no puedo creer que haya estado con tantos. La hizo de callada, eligió bien. Pero tarde o temprano, sale todo a la luz -respondió otro compañero.

Al momento que Lila pasaba por el estrecho pasillo donde este grupo de amigos estaba charlando, escuchó a una compañera decir:

-Se cree la putita de todo Santa Fe, y no le da la carita para eso.

Lila sintió recorrer un escalofrío desde la nuca hasta la lumbar. Apresuró el paso y llegó al baño. Se encerró en uno de los cubículos y comenzó a llorar. 

No entendía por qué la gente decía esas cosas. No entendía por qué lo que parece ser un simple festejo de adolescentes desencadenaba tanto odio.

Lila sabía que lo que la chica del pasillo decía era mentira; básicamente porque casi toda su descripción era mentira.

En una conversación de unos meses antes, una de sus amigas decía:

-En la descripción de Li vamos a tener que inventar, ¡va a ser un embole sino!

Y su grupo se rió al unísono, hasta ella misma se rió, porque jamás pensó que podría llegar tan lejos.

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No resulta novedoso que las redes sociales construyen -o destruyen- comportamientos, prejuicios, imágenes e ideas sobre las personas y sus entornos.

Durante la escuela secundaria, donde la construcción de la identidad se basa, en muchos casos, en la mirada del otro, las cuentas promo vienen a ser un gran desafío que plantea una dicotomía entre quién soy y quién quiero que piensen que soy.

En este dualismo entran las invenciones, los discursos de odio, las “bromas” y los “no es para tanto”, ya que algo que parece estar dentro del control de los propios estudiantes muchas veces se les va de las manos por exagerar o realizar comentarios tendenciosos con otros pares.

"En redes digo y hago lo que quiero", se repite, pero esa presunta libertad para la cuenta propia empieza a correr hacia lo que se dice de otras personas. Ser redactor de una descripción parece avalar que digamos lo que querramos de nuestro amigo o amiga, sin medir las consecuencias y los alcances.

Si bien muchas de las cuentas promo son privadas, no se le suele negar la solicitud de seguidor a nadie. Nuevamente nos encontramos al desafío de quién está detrás de la pantalla. 

Post decripción, mayormente quienes no conocen al agasajado lo asocian en ocasiones futuras con lo que decía en ese posteo. Por lo cual, la trascendencia es mucho mayor a la que pensamos.

Podemos creer que el mal momento se acaba a los días de que se publica la descripción, pero en el imaginario se construye una nueva identidad de la persona con base en lo dicho en el posteo. 

Los compañeros del pasillo quizás no conocían a Lila, pero ahora la identifican como “la que estuvo con tal” o “la que la hizo de callada”. 

Esto connota cómo lo dicho en redes construye identidades que se encuentran alejadas de lo que la  persona realmente es.

No está mal el festejo, la descripción o reírse con las fotos que suben de los egresados, siempre y cuando se haga dentro de un marco de respeto, cuidado y no violencia.

Es nuestra responsabilidad como ciudadanos digitales darnos el espacio para cuestionar estas prácticas que están naturalizadas. Sin embargo, no es correcto que las demonicemos.

Una vez más, no se trata de prohibir las cuentas promo, o prohibir las descripciones. Se trata de facilitar entornos de diálogo entre jóvenes, de aceptar a aquel compañero que no quiere que le hagan descripción sin mirarlo mal, y de no reproducir narrativas de odio basadas en una publicación. 

Las cuentas promo no existen en el vacío: son el síntoma de una cultura que sigue premiando la exposición extrema. Promover derechos en Internet implica cuestionar esas lógicas y construir entornos donde cada persona pueda estar sin miedo. Entender que las cuentas promo representan casos de violencia digital ayuda a comenzar a cambiarlo.