"Todo es por la causa, por el bien de todos", dice en su última canción, en una referencia directa a "El cuento de la criada" y a un nuevo giro de valores tradicionales que vuelve a pujar por establecer el concepto de "buena mujer".
Olivia Rodrigo lanzó Serena Joy y en pocos días se convirtió en mucho más que una canción: es un espejo y una advertencia. El título hace referencia al personaje de "El cuento de la criada", de Margaret Atwood, tanto en la novela como en la adaptación en una serie.
Serena Joy es una mujer privilegiada que terminó ayudando a dar forma a un sistema patriarcal opresivo que la terminó convirtiendo en víctima del mismo sistema que ella defendía, quitándole todo su poder, voz y decisión, convirtiéndola en prisionera de las mismas estructuras que un día defendió.
Esa es la advertencia más fuerte que deja el tema, cuando apoyás reglas que limitan a otros, creyendo que estás a salvo, tarde o temprano ese sistema te termina alcanzando también. Olivia lo termina convirtiendo en simbolismo que no solo convierte a Serena Joy en una metáfora, sino que podemos verlo con lo que está pasando actualmente en pleno auge de discursos ultraconservadores que intentan vender los "valores tradicionales" como la única forma de felicidad, porque muestra una “calidad de vida” que muchas veces son impulsadas por las mismas personas que terminan siendo oprimidas por ellos.

Serena Joy Waterford no nació prisionera. Antes de Gilead, fue una activista y escritora muy respetada, defendiendo con fuerza el retorno a roles de género, la idea de que el rol de la mujer es el hogar, ocupando un lugar más restringido en la familia y que la independencia femenina destruye la sociedad. Fue así una de las voces más influyentes que dio base moral al régimen, que luego creó una estructura para controlar a otras mujeres que también acabaría limitando su vida. Ella fue víctima y cómplice, fue oprimida y opresora.
“Todo es por la causa” : esta frase al comienzo de la canción de Olivia Rodrigo trabaja perfectamente con ese lenguaje de conformidad. La idea de que todo se hace “por el bien de todos” convierte la violencia en deber y la obediencia en virtud. Así es como los sistemas autoritarios se mantienen: no presentando la propia violencia como violencia, sino como una necesidad. Pero ningún fin justifica renunciar a nuestra libertad y el poder de decidir sobre nosotras mismas. La verdadera virtud no está en obedecer, sino en cuestionar.
“Si se lo hacen a ellos, también te lo harán a vos": esa frase es central en la canción; no es solo una letra pegadiza, es la lección histórica que Serena Joy vivió, porque vio cómo le quitaban derechos a otras mujeres, cómo las separaban de sus hijos, cómo las reducían a su función reproductiva… y no solo no lo detuvo, llegó a justificarlo, hasta que llegó su turno. Porque silenciar y mirar para otro lado cuando le pasa a alguien no te protege, sino que se vuelve contra nosotras mañana. Defender los derechos de una es defender la libertad de todas.

Hoy vivimos un renacimiento de discursos que se presentan como "elección libre" o "recuperación de lo tradicional": las "tradwifes", mujeres que promueven la entrega total al rol doméstico, la sumisión al marido y el abandono de cualquier aspiración fuera del hogar. Se vende como una decisión personal, empoderada y consciente. Pero hay algo que no se dice o se olvidan de mencionar y es que muchas de estas voces hablan desde el privilegio.
Hablan desde situaciones económicas estables, con acceso a educación, con respaldo. Y presentan su experiencia como la única opción válida para todas. Sin embargo, para miles de mujeres, estos roles no son una elección, sino que son la única salida posible por falta de oportunidades, por salarios más bajos, por sistemas que no garantizan derechos. Y cuando se difunde la idea de que "la felicidad está en el hogar y en ocuparse de la familia”, se está justificando la pérdida de derechos de todas.
Serena Joy también creyó que estaba eligiendo, pensó que defendía un mundo que creía que era el mejor, más seguro, más justo. No entendió que el sistema que construyó no tiene lealtades, solo leyes que se aplican a todos, sin excepciones. Quienes hoy promueven estos ideales creen que su posición los protegerá. Pero la historia lleva décadas tratando de enseñarnos que cuando le quiten derechos a los demás, nada garantiza que no seas el siguiente y está canción nos advierte que el sistema no hace excepciones.
La canción no nos da una respuesta. Nos deja un mensaje para ver bien qué estamos apoyando, porque puede volverse en contra. Y eso es subversivo, porque nos invita a cuestionar lo que nos venden como "natural", "bueno" o "correcto". Nos invita a preguntarnos: ¿A quién le beneficia esto? ¿Quién decide qué es "ser buena mujer", “mujer de valor”? ¿Qué pasa cuando la "elección" de una se convierte en la obligación de todas?
No se trata de juzgar a quien elige caminos tradicionales. Se trata de no dejar que esos caminos se conviertan en la única opción posible para todas. Se trata de no confundir privilegio con elección. Se trata de recordar, como dice la canción, “si se lo hacen a ellos, también te lo harán a vos.” Y la mejor forma de que no te lo hagan, es no permitir que se lo hagan a nadie, porque los derechos no son individuales cuando el sistema que los amenaza es colectivo. La libertad de una mujer no debería depender de que otra mujer pierda la suya. Y quizás ese sea el gran error y lección que hay detrás de Serena Joy al creer que podría construir una sociedad que controlara a otras mujeres sin que ese control la terminará alcanzando a ella.