Sociedad

Con 15 retratos de vida, terminó el curso de fotoperiodismo de Buena Data

Estudiantes de 11 ciudades distintas, que tienen entre 16 y 23 años, registraron el valor excepcional de biografías cercanas. Conocé sus producciones.

Agencia Buena Data

Fotografiar el presente es observarse de cerca. Entender que dentro de nuestra cotidianidad hay algo único que es posible detectar si se pausa el tiempo, si se conecta con el espacio que habitamos, si acerca la mirada hasta hacerla única. Esa manera de mirar es una de las posibilidades del fotoperiodismo, que cuenta con la voluntad de interceder al presente que se narra.

En Agencia Buena Data, pudimos construir esa experiencia durante cuatro encuentros, realizados entre enero y febrero de 2026. En ellos, y bajo la coordinación de la docente Gabriela Salomone (ARGRA), estudiantes de 11 ciudades distintas, que tienen entre 16 y 23 años, registraron el valor excepcional de biografías cercanas. Estos son algunos de ellos y podés ver sus producciones completas haciendo click acá.

Tais Tejo, San Julián, provincia de Santa Cruz. 20 años.

Milagros, Noel y Jonathan son los encargados de la Granja Marina Regenerativa de macroalgas ubicada en Puerto San Julián, Santa Cruz. El proyecto, desarrollado por la organización de conservación marina Por El Mar, es el primero de su tipo en todo el país. 

El equipo lleva trabajando en él desde 2024 y su objetivo es combatir la deforestación marítima que trae la cosecha ilegal de algas al fomentar el cultivo sustentable y controlado de cachiyuyo para uso comercial.

Malvina Nüesch, provincia de Córdoba. 20 años.

La Gringa hoy tiene 79 años y vive en Tanti, pero nació en 1947 en Vinchina, un pueblo de la provincia de La Rioja. Allí transcurrió su niñez y tuvo a su primer hijo, Luis, quien a los pocos meses de nacido quedó al cuidado de uno de sus hermanos.

Loana Rodríguez, partido de La Costa, provincia de Buenos Aires. 21 años.

Cecilia (o Chechu, para quienes son de acá) conoce los ritmos del lugar mejor que nadie. Sabe cuándo el movimiento empieza, cuándo afloja y cuándo alcanza para aguantar un poco más. En Las Toninas, el verano no significa vacaciones ni descanso: es oportunidad y cálculo, es el cuerpo puesto en días eternos para que el invierno no duela tanto. En ese vaivén de la temporada, Chechu sostiene dos vidas, la suya y la de su hijo, con un trabajo hecho a mano y una constancia que se repite en todo el pueblo.

Máximo Gómez, ciudad de Corrientes. 23 años.

La peatonal Junín, en el centro de la capital de la provincia de Corrientes, con sus vidrieras, revistas, locales de comida y la gente que no para de transitar sus siete cuadras de largo muestra el encuentro de la vida correntina. En medio de dos plazas estas calles encierran diversas historias así como multitud de anécdotas.  

 La gente que pasa, la que se queda, la que compra, la que vende, las palomas, los perros, los policías, las ferias, las marchas, los incidentes, la gente en la calle, los departamentos, las oficinas, todo se concentra en estas cuadras. Con más de 50 años de historia como centro económico de la ciudad hoy las cosas cambiaron: Cada vez hay más locales de tecnología, los locales de revistas venden cada vez menos diarios, ya no hay tantos taxistas ni se venden más películas en cds.

Jimena Lucero, Pilar, provincia de Buenos Aires. 20 años.

A las cinco de la tarde, cuando la peatonal de Pilar se llena de gente que sale del banco, de las tiendas o del trabajo, Alejandro Miño estaciona su propio puesto: no es un escenario sino un parlante portátil, un micrófono con pie, una guitarra criolla y una mochila con cables; tarda diez minutos en armar todo, enchufa el alargue, prueba sonido golpeando el micrófono con los dedos, afina rápido y orienta el parlante hacia el flujo de gente —la calle es el público y, si el audio no sale hacia ahí, no existe—; nadie lo presenta ni corta cintas, empieza a tocar y listo. En Instagram se define como “músico/cantante/guitarrista”, reúne casi mil seguidores y más de quinientas publicaciones donde se lo ve tocando en bares, restaurantes, cumpleaños y veredas, y también ofrece clases de guitarra —técnica, teoría, acordes, repertorio e improvisación— con un número de contacto: la música, en su caso, no es un pasatiempo sino ingreso. Trabaja de esto.

La rutina se parece más a la de un feriante que a la de un músico de escenario: cargar peso, buscar enchufe, negociar espacio y esperar que alguien se quede más de un minuto escuchando; algunos frenan, otros dejan monedas y la mayoría sigue de largo. Entre tema y tema saluda, agradece, charla, acepta pedidos y repite canciones conocidas, lo que funcione, porque en la calle no hay setlist ideal sino repertorio para retener a quien pasa; el cuerpo también trabaja, dos o tres horas de pie con la guitarra colgada y la voz forzada por el ruido de autos, motos y colectivos, y cuando termina no hay aplauso final sino cables que desenchufar, equipos que guardar y un carrito que empujar: desarmar lleva casi lo mismo que armar.

Morena Grisapulli, provincia de Buenos Aires. 16 años.

La jardinería no es simplemente plantar o regar, es más que eso, es un escape, un momento en el que se puede estar tranquila con tus pensamientos y herramientas. Las flores no solo necesitan ser estudiadas, necesitan ser cuidadas con amor y dedicación, se trata de entender los ritmos de la naturaleza respetando sus temporadas de siembra y las necesidades de cada especie. En ese esfuerzo reside su verdadera magia, convirtiendo al jardín en un espacio de descanso para uno mismo.

Pilar Payacut, ciudad de Corrientes. 21 años.

En la vida del correntino existe una presencia tan natural y cotidiana como el Sol, la Luna y los ruidos de la calle, cuya belleza, sin embargo, se convierte en un privilegio que no pasa desapercibido para la mayoría: el Río Paraná. Esa masa poseedora de una fauna y una mitología, musa infinita de leyendas y canciones, es el escenario de mil vivencias para locales y turistas; el lugar ideal para bañarse en el calor de la siesta, para disfrutar de los atardeceres más impactantes y para compartir momentos con amigos y familia. 

Mas la alegría que regala no es su único beneficio: con su longitud estimada entre los 2546 y 4880 kilómetros, se trata del segundo río más extenso de Sudamérica; plagado de esas grandes embarcaciones y de los tradicionales malloneros. Pero en medio de sus rutas comerciales y de los múltiples recursos naturales que lo convierten en un órgano vital para el desarrollo de la economía argentina, navegan también otras historias, cuyo sacrificio no busca más remuneración que la satisfacción de cumplir un sueño.

Sofía Balderrama, Mar del Plata, provincia de Buenos Aires. 19 años.

Vive con la esperanza de algún día decir: ¨Trabajé lo suficiente. Es tiempo de descansar y vivir”. Él es Elías, un hombre de 75 años que reside actualmente en la ciudad de Mar del Plata, de la provincia de Buenos Aires. Él vive una doble realidad. La primera disfrutando de su vejez a lado de sus plantas donde vive con el recuerdo de su difunta esposa y la otra en donde se ve forzado a seguir trabajando a causa de un sistema que no garantiza una vejez digna, con una jubilación mínima que no es suficiente para sustentar gastos básicos. No es su realidad solamente; es la de los jubilados y gente que sueña con jubilarse y poder por fin vivir la vida que no vivió.

Rocío Mendoza, provincia de Santa Fe. 20 años.

Como bien narra la canción de Vera Cruz, la localidad de Santo Tomé, ubicada en el departamento La Capital de la provincia de Santa Fe es para los santotomesinos-y sus visitantes- un lugar muy querido por las sensaciones y recuerdos que emana. Esta ciudad, aledaña al río El Salado que divide a La Capital con dicha localidad se conectan a través del Puente Carretero Santa Fe-Santo Tomé, esta relación e historia se ve reflejada en las acciones cotidianas de sus lugareños reunidos en el corazón central de su ciudad: La Costanera, formalmente conocido como “Paseo del Salado” (su nombre fue seleccionado en 2011 por la propia comunidad de vecinos).

Dicho lugar icónico, tantas veces fotografiado por tener una vista privilegiada del Puente Carretero, es además, según sus habitantes, una ciudad con “alma de pueblo”. Tal vez, por los cruces generacionales que se pueden observar, por las emociones compartidas luego de un festejo o por la tranquilidad del río y las risas. Más allá de cual sea la razón exacta de eso es innegable que La Costanera es, al igual que el río y el Puente, el lugar de preferencia cultural para muchos por las diferentes actividades que se realizan en su trayecto. 

Catalina Vitelli, ciudad de Cordoba. 19 años.

Este espacio físico es el hogar de Fer Meza, ubicado en Matienzo, un Barrio de Córdoba Capital. Es aquí donde ella llega, duerme, se cocina, estudia y pasa gran parte de su día, pero: ¿qué ocurre cuando el espacio físico no es lo suficiente para llenar esa soledad? ¿Qué es un hogar abstracto? ¿Cuál es la diferencia entre dormir y descansar, de la paz y el silencio, entre vivir y habitar? Son esas preguntas las que trataremos de responder y contrastar.

Tiara Lorenzo, ciudad de Buenos Aires. 19 años.

En la prehistoria, el ser humano descubrió que la tierra arcillosa, al mezclarse con agua y cocerse al fuego, se volvía rígida e inalterable. Aquel milenario arte, que celebra la naturaleza y las huellas del tiempo, es retomado en la actualidad como refugio para personas que buscan llenar las grietas causadas por los golpes de la vida. Fabiana es mamá de tres hijos y vecina del barrio. Me abrió las puertas de su proceso y de su taller, Casa Barro (su antiguo quincho), el lugar que le dio fuerzas en los momentos más duros e inspira hoy a otros a confiar, ejercitar la paciencia y dejarse llevar por el hacer con las manos.

Jazmín Abdala, Baradero, provincia de Buenos Aires. 17 años.

Alsina, partido de Baradero, provincia de Buenos Aires. Hay esquinas que se reconocen con la nariz antes que con los ojos. Cuando doblo por el Monumento a la Bandera, el aire se vuelve espeso y dulce: fruta que se desarma en una olla, azúcar que burbujea lento, masa recién frita soltando calor. Apoyo la bicicleta y sonrío sola.

En la cocina de Moni Savoy, seguro, el membrillo está en su punto y los pastelitos esperan su lluvia brillante de almíbar. Su casa de té fue durante años el corazón del pueblo. Un refugio sencillo, pero con mesas siempre ocupadas y tazas que humeaban como pequeñas fogatas. Yo llegaba con el guardapolvo todavía puesto y las rodillas raspadas de jugar, y me sentaba ahí como si cruzara la puerta de mis propios abuelos. La merienda tenía sonido: cucharitas chocando contra la loza, cartas barajadas, risas que se mezclaban con el hervor que venía desde el fondo.

Valentina Blanco, Burzaco, provincia de Buenos Aires. 18 años.

Hace 60.000 años los Homosapiens abandonaron África y partieron hacia Eurasia, un territorio ocupado por los neandertales. Al llegar, ambas especies convivieron y se mezclaron por un periodo estimado de 7.000 años, dejando una importante huella de ADN en los humanos actuales. Desde el momento en que estas diferentes especies se encontraron, dejó de existir lo “propio”. 

Hoy habitando un mundo aún más globalizado, viviendo en la era digital, nos es cada vez más difícil considerar algo propiamente nuestro. Así como los “trends” viajan miles de kilómetros a través de una pantalla, lo hacen así también las comidas típicas, el lenguaje, las costumbres, la vestimenta. Es aquí donde entra la importancia de las plantas nativas, que representan mucho más que solo lucirse. Las plantas nativas cargan con su fauna específica, tradición, cultura, historia y nos brindan la oportunidad de conectarnos con nuestra tierra y nuestro pasado.

Erika Lim, Burzaco, ciudad de Buenos Aires. 19 años.

Aixa Mola tiene 19 años y vive en Buenos Aires. Ama el mar, considera que tiene una “obsesión insana”, lo que la llevó a estudiar biología. También le apasionan el arte y las manualidades. 

En la libertad de las vacaciones aprovecha el tiempo libre para ver a sus amigas y poder salir todos los días con la excusa de que “hace mucho no se ven”. Hablar de todos los temas posibles y reírse hasta que nos duela la panza como si el tiempo no hubiera pasado.

Valentina Stivanello, ciudad de Concordia, provincia de Entre Ríos. 21 años.

En una ciudad atravesada por el movimiento constante del modernismo y la intensidad de la época de carnaval, el Lago Salto Grande es para mí un lugar de oxígeno. Un espacio al que regreso para detenerme, escuchar y respirar distinto. Mientras la ciudad se acelera, el lago sostiene otro ritmo: el del agua, los árboles y la vida que habita la orilla.

Acudo a este sitio desde que era niña. Aquí se alojan algunos de los recuerdos más hermosos que conservo, escenas íntimas que se superponen con el paisaje y vuelven cada vez que observo el entorno. Las fotografías buscan registrar ese vínculo personal con el lugar, donde la memoria y la naturaleza se entrelazan, y donde el paisaje no solo se mira, sino que también se recuerda.

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