Una nueva medida del Gobierno solicita una reempadronamiento de los clubes de barrio en 90 días para seguir contando con beneficios en los servicios. Ante eso, es urgente revalorizar una vez más el rol de los clubes.
Por Theo Girardin.-
Los barrios porteños están llenos de estos espacios recreativos donde desde los más chicos hasta los más grandes comparten tiempo, se relacionan con otras personas y comparten un momento casi transgeneracional. Asimismo, muchísimos clubes de barrio están a punto de desaparecer por malas gestiones administrativas, sumada a la gran crisis económica que nos afecta a todos.
¿Por qué defender a los clubes de barrio?
Básicamente, son un punto neurálgico de la vida social dentro de la actividad de un barrio, ciudad o pueblo. Un espacio donde, antes de formar deportistas, se forman personas. Algunos clubes barriales se centran en darle contención a los chicos que pasan por la institución, desde brindarle un techo para pasar la tarde como un plato de comida caliente todos los días. Un ejemplo emblemático es Franja de Oro, ubicado en el barrio de Pompeya, Ciudad de Buenos Aires, donde asisten cada semana alrededor de 2.000 socios.
El Club Oeste de Caballito, por citar otro ejemplo, desde hace ocho años tiene un programa llamado “Oeste Solidario”, en el que directivos y voluntarios hacen recorridas con comida hecha en la cocina del club para la gente sin hogar. Sobre esto, Florencia Lorenzo, miembro de la Comisión Directiva del club, comentó: “Siempre estamos pensando cómo generar conciencia social entre los socios y las socias del club, y nos pareció que esta era una buena idea”.
El espacio cultural está en peligro
Muchos clubes del país poseen espacios donde el deporte, la expresión artística y la comunidad se agrupan y se fusionan en un solo establecimiento y a vista de todo el barrio. Con la fuerte desinversión y el olvido hacia estas instituciones por parte del Estado, la movida cultural entre los clubes es algo que se va a ir desvaneciendo entre nuestras manos. Es utópico pensar que, sin un Gobierno Nacional que fomente estas políticas culturales y de inclusión, se pueda llegar a buen puerto.
La identidad del barrio
Los clubes no son sólo espacios de consumo cultural y deportivo, sino que es un portal a la idiosincrasia de su lugar, su barrio y la gente que lo habitaba en sus inicios. Con el desfinanciamiento, el Estado busca dejar atrás ese sentido de comunidad que había hasta hace no tanto en los barrios. Los clubes son el último bastión de ese sentimiento de pertenencia hacia con el lugar de procedencia.
La diversión escasea dentro de los barrios
¿¡Hace cuánto que se ven a chicos jugando en la calle hasta las tantas!? Y esto no es por añorar una época pasada, sino representar el cambio generacional que tuvo el deporte hasta el día de hoy. La gentrificación y las nuevas retóricas vecinales hicieron que, lo que antes era moneda corriente, hoy sea cada vez más efímero. Los clubes ofician hoy como espacios deportivos, sociales y -sobretodo desde el 2010 para adelante- de cuidado y de contención para estos chicos que, de no ser por el club, estarían jugando en la calle.
La inclusión como bandera
No es noticia que este Gobierno Nacional busque derribar algunas medidas inclusivas, el cierre del INADI en agosto del año pasado es ejemplo de eso. En contra de estas políticas de marginalidad y de exclusión, aparecen los clubes como para dar la batalla en términos reales. No luchando literalmente, sino dando una mano al de al lado. Además, estas instituciones funcionan como nivelador social y económico; no importa de qué estrato social es uno ni cuánto capital cultural tenga: bajo los techos de los clubes todos son iguales.
Entonces, ¿cómo ayudamos a los clubes?
Si no estás afiliado a ninguno, asociate al que esté más cerca de tu casa. Si tu situación económica no es estable, presta atención a las necesidades del club. Seguramente la Comisión Directiva necesite manos para algo, con eso ya ayudás a la estabilidad institucional.