Vida online

Ciberbullying: la violencia que crece mientras la minimizamos

El hate virtual no es algo aislado, pero provoca aislamiento. A nadie nos gusta estar involucrados en una publicación violenta, pero a veces nuestro like ayuda a que siga circulando. El anonimato no puede seguir siendo excusa: lo que pasa en las redes sociales se siente real y no hay que acostumbrarse.

Esos mensajes en un grupo de WhatsApp, en los que se burlaban de mi apariencia y de mi forma de ser, me marcaron durante toda la secundaria. Los insultos volvían a mi cabeza cada vez que veía a quienes los habían escrito, aunque en persona no me dijeran nada.

Al principio, la ansiedad que me generaron esos mensajes en una pantalla era tan real como si me lo hubieran dicho cara a cara. No sabía cómo llamar a lo que me había pasado ni cómo enfrentarlo, hasta que un día, scrolleando en redes, encontré un término que describía exactamente mi situación.

El cyberbullying, descrito por Chicos.net, es “la evolución de una problemática anterior a la irrupción de los medios digitales en la sociedad: el bullying. Si en el bullying el maltrato se acotaba a las horas que pasaban los niños y las niñas en la escuela o en otros espacios comunes, ahora las tecnologías permiten que el acoso se dé con mayores niveles de velocidad e intrusión: al ser el ecosistema digital uno de los espacios más habituales de interacción de niños y adolescentes, chicos y chicas pueden exponerse a distintas agresiones durante las 24 hs de los 7 días de la semana. Además, ciertos contenidos permanecen en el ciberespacio, lo que afecta a quien sufre el acoso durante largo tiempo, dado que lo que se publica en Internet difícilmente puede ser borrado o eliminado de manera completa”.

Qué hacer con el ciberbullying

Actualmente, esta es una problemática que vemos día a día en los colegios, espacios juveniles y redes sociales. El problema surge cuando este tipo de conductas se minimizan. Se proponen soluciones que no tienen impacto real: “Apagá el celu”, “No le des bola”, “Es solo una pantalla con letras”, entre otras respuestas a la problemática. El conflicto de estas “resoluciones” es que no tienen en cuenta cuatro factores claves:

  • Las redes sociales y el uso del celular en nosotros ya forman parte de nuestra vida y de nuestras interacciones sociales del día a día; se han convertido en una norma social, siendo esta una de nuestras formas principales de relacionarnos.
  • Los comentarios negativos nos afectan psicológicamente; no quedan detrás de una pantalla. Nos generan emociones que pueden resultar en cuestiones como inseguridades o enfermedades mentales.
  •  La característica de algunos de estos comentarios es que son públicos y todos los pueden ver, como los comentarios de un video, y esto puede culminar en hateo masivo y en que la persona se sienta acosada, generando daño psicológico en la misma.
  •  Quienes son víctimas no tienen las suficientes herramientas para afrontarlo, como tampoco saben a quién acudir para poder llegar a una solución.

Además de esto, el problema del cyberbullying está alcanzando cifras alarmantes. En una encuesta de 2025 de Chicos.net a profesores, se les preguntó si consideran que el cyberbullying es un problema frecuente en los estudiantes, y un 80% de los encuestados respondió que sí. Un 72% detectó algún caso de bullying y un 58% detectó algún caso de ciberbullying.

Estos datos demuestran la necesidad de hacer algo al respecto.

Pero, ¿cómo podemos hacer algo desde nuestro lugar? A nivel estatal, podemos acompañar e impulsar propuestas de nuestros legisladores que combatan esta cuestión. A nivel personal, por otro lado, podemos realizar acciones que disminuyan el cyberbullying: desde no escribir ese comentario burlándose hasta preguntarse a uno mismo si alguna vez fue parte o cómplice de esta problemática. La clave es reflexionar acerca de la misma y buscar concientizar para poder hacer que los espacios digitales sean lugares seguros para expresarse libremente sin hateo.

Queda claro que esta es una situación seria y que impacta a miles de personas, y que necesita de soluciones conjuntas para poder alcanzar respuestas eficientes y duraderas.

Lo que viví no es un caso aislado. Lo atraviesan millones de jóvenes en todo el mundo, y por eso es fundamental no normalizar este tipo de comportamientos. Como sociedad, tenemos la responsabilidad de visibilizar esta problemática y evitar que alguien sea marcado simplemente por ser quien es. El anonimato que ofrecen las redes no puede convertirse en un escudo para la impunidad. No se trata de imponer castigos legales, sino de generar una verdadera conciencia colectiva que nos permita abordar esta cuestión y, con el tiempo, frenarla.

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