Viudas e Hijas de Roque Enrrol fueron una erupción de ironía, transgresión y glamour en los experimentales '80. Nuestra corresponsal, Faustina Clausse, habló con Mavi Díaz, vocalista de la banda.
Por Faustina Clausse.-
La selección de CDs que llenaban los folios del estuche guardado en la guantera del auto de nuestros padres tiene un poder particular. Es una cuestión universal. Permanecen fijados en nuestra memoria porque son la banda de sonido de nuestros recuerdos: olor a tapizado caliente, protector solar y el estereo negándose a leer el disco a la primera. “Dejalo que está pensando”, decía mi papá. Dentro de mi podio entraba uno –copiado trucho, claro– que anunciaba escrito en marcador sobre el propio círculo metálico: “Grandes éxitos Viuda e Hijas de Roque Enroll”. Ese era el título de una alegría descarada que todavía me sigue sonando nueva. La presencia de este grupo en el repertorio familiar marca la forma en que su irreverencia se filtró en la cultura popular argentina de la época, trascendiendo las barreras generacionales y estilísticas para convertirse en un clásico involuntario que se fijó en el sentir popular y colectivo.
Es necesario un poco de contexto para entender de qué se trataba este grupo que sonaba en el Gol de mis viejos. El 2 de abril de 1982 los argentinos se desayunaron una oscura noticia: las tropas inglesas habían llegado a las Islas Malvinas, se había desatado el principio de la Guerra. Durante el conflicto bélico, entre abril y junio, los interventores de las radios dieron la orden de no pasar música extranjera, especialmente la cantada en inglés. Los musicalizadores se encontraron con dificultades a la hora de seleccionar un repertorio por falta de material local en español, debido a la censura de la dictadura en esos últimos años. El hueco que provocó la prohibición de música anglosajona obligó entonces a los productores y a los sellos discográficos a salir en búsqueda de nuevos talentos. Una nueva generación asomaba la cabeza. De esta manera, se generó un caldo de cultivo del cual germinaron muchas de las expresiones más singulares de los 80; y en medio de todo eso, surgió Viudas e Hijas de Roque Enroll.
El nombre ya demuestra una declaración de principios: irónico, paródico, pero también una forma de rendir homenaje a una tradición que parecía haberse perdido. Se anclaba en la idea de que eran las continuadoras de un estilo que parecía haber muerto tiempo atrás. Si en Argentina el rock había mutado a una música progresiva, contestataria, comprometidamente aburrida, e incluso solemne, ellas vinieron a recordarle que la rebeldía también puede usar minifalda fucsia, apropiándose de un espacio históricamente negado. Nadie hubiera dicho que el grupo más vendido del momento sería uno integrado por cuatro mujeres. ¿Cómo pudo ser que en Argentina, país descendiente de tangueros melancólicos e italianos autoritarios, unas mujeres que titulan a su música como ¨porno pop¨ se hayan convertido en hit? Más allá de tenerlas todas en contra, con 40.000 discos vendidos y una gira por la Costa Atlántica, el verano del ‘86 le perteneció a las Viudas, infringiendo un importante golpe a la tradición machista rioplatense. Su propuesta no fue de carácter vanguardista consciente para generar un cuestionamiento social crítico, ni ninguna de esas actitudes “profundas” detrás de las cuales las mujeres se sentían obligadas a escudarse para salir a hacer lo suyo. No. Las chicas solo querían divertirse.
“Éramos un grupo de amigas que se juntaba a tomar mate y a reírse de las cosas que nos pasaban”, recuerda hoy María Victoria (Mavi) Díaz, fundadora de la banda, del otro lado de la pantalla: “Hablábamos de las cosas que hablaban las mujeres y, de esas charlas, hicimos canciones. En ese momento eso no se hacía, las mujeres cantaban sobre amor o corazones rotos; no hablaban ni de depilarse, ni de no depilarse, ni de masturbarse en el baño, ni de ponerse tetas, ni de iglesia ni de divorcio. Cantábamos chistes internos, declaraciones juradas, cosas que nos pasaban. Nos reíamos de nosotras mismas. En la lírica del rock y del pop de esa época nadie cantaba sobre esas cosas¨.
Ni frívolas ni ingenuas. Un pop-rock-twist de antología que llegaba con looks retro y estética festiva en Mavi Diaz (voz), hija de padres folcloristas; María Gabriela Epumer, una guitarrista prodigiosa que más tarde sería parte de la banda de Charly García; Claudia Sinesi (bajo y voz) y Claudia Ruffinatti (teclados y voz). Mavi cuenta: “En realidad, Viudas se desprende de Rouge, otra banda del momento, también conformada por mujeres. Ellas tocaban a la vuelta de mi casa, en el barrio de Almagro, que daba al pulmón de manzana de mi edificio. Yo las escuchaba y me daba mucha curiosidad. Un día bajé, las conocí y las invité a mi casa, porque me había enterado que un productor estaba buscando conformar una banda de chicas. Entonces, nos aprendimos ‘Estoy tocando fondo’, le hicimos unos arreglitos y nos fuimos sin demo ni nada. No nos atendieron. La segunda vez fuimos con la guitarra criolla todas disfrazadas, pintadas como puertas, peinadas con los pelos batidos y la ropa de mi mamá. Tocamos en el pasillo de la oficina y no tuvieron más remedio que dejarnos entrar para que los vecinos no se quejen. Entonces, desde una oficina salió Bernardo Bergeret (productor). Levantó el teléfono, llamó a Pelo Aprile (empresario discográfico) y le dijo: ‘Tengo algo para vos’. Nos fuimos todas para Interdisc, el sello de Pelo Aprile, volvimos a cantar la canción y Pelo nos preguntó: ‘¿Pueden grabar en un mes?’. ‘Obvio’, le dijimos. Al mes estábamos grabando nuestro primer disco”.
“Carolina Amoníaco”, “Te encargo mi modernidad”, “Potpourri”, “Hawaian twist” y “Bikini a lunares amarillos” forman parte del primer álbum del grupo, éxito total de ventas, que abría con “Estoy tocando fondo”:
“Hoy me vi en el espejo y respiré hondo. Me di cuenta que por vos estoy tocando fondo. Esto de la musiquita ya me tiene loca. Ya mi papi no me quiere. Mi reloj no da la hora, mi fonola no funciona. El batido se me afloja, pero el twist está de moda. Y tu amor está tan lejos que mi corazón desborda. Mis amigos no me llaman y me siento sola. Por estar enamorada de un cantor pistola. Me di cuenta que por vos estoy tocando fondo monetario internacional”
Entonaba este tema que tomó al público por asalto. Una especie de balada absurda que nació como una sátira del panorama económico del momento. “La compuse antes de conocer a las Viudas y fue nuestro primer caballito de batalla, por decirlo de alguna forma. Se empezaba a escuchar muchísimo en las noticias, en la televisión, en los diarios, la amenaza del Fondo Monetario Internacional. Tuve la necesidad de hacer una analogía con una relación romántica decepcionante, donde realmente la protagonista de la canción está bajoneada porque ha sufrido un gran desengaño con esta especie de romance con este FMI que se personifica en un chico y que la trae por la calle de la amargura. Un poco ese fue el chiste”, cuenta Mavi riendo. “Lo trágico, –agrega–, es que cuarenta años más tarde la canción y el desengaño siguen vigentes en nuestra vida”. Su letra la volvió un producto imperecedero, gracias a que en este país los debates por el dólar y la crisis económica nunca salen de agenda.
Lo que vino después fue un efecto dominó. El público, ávido de frescura, las adoptó con devoción inmediata. El disco, Viuda e Hijas de Roque Enroll, apareció en un momento de particular efervescencia con propuestas que apostaban al fuerte cambio que comenzó durante la etapa pre-democrática. Las bandas con y de mujeres ya no eran una rareza: Nylon, las Bay Biscuits, Celeste y La Generación, La Torre, Púrpura o Los Twist , con Fabiana Cantilo, son solo algunas que surgieron durante la etapa de Rouge o de las Viudas.
Con la salida del álbum el fenómeno de las Viudas empezó a crecer. La banda dio su primer show después de su publicación, y a las pocas semanas empezaron a tocar cada vez más. “Íbamos a tocar a los clubes, a las canchas. A Rosario, a Córdoba. Un domingo ibas a bailar a Pinar de Rocha y la programación era Virus, Los Twist y Viudas en la misma noche” (Ruffinatti,1984, Revista Pelo).
Escucharlas hoy es como mirarse frente a un espejo que, lejos de deformar, amplifica. Sus letras continúan describiendo a las mujeres, de entonces y de ahora: las que buscan amor y autonomía, las que quieren reírse pero sin dejar de ser tomadas en serio, incluso las que sienten que el horóscopo puede ser un refugio cuando todo se derrumba. En 2014 presentaron el tema “Ludovica”, perteneciente al álbum de reversiones Perlas y diamantes. Otra joya de ironía pop que mezcla astrología, deseo, frustración y autoayuda con una liviandad tan absurda que termina siendo profundamente humana. Fue el regreso de una generación que terminó preguntándose qué le pasó, qué nos pasó. “Ludovica” fue el primer corte y su letra dice:
“Como siempre, otra vez, llegó año nuevo y me lo compré. Tirada en la arena lo devoré, al libro chino que aumenta la fe. Me lo dijo el tarot, este es mi año, por fin se me dio. Voy a ligar a tope en el club, tendré dinero, amor y salud. Pero abril me deshojó y sigo sola. ¿Ludovica que paso?”.
Y una se ríe, pero también se reconoce en el fracaso, en la espiritualidad de revista y el autoengaño del optimismo. ¿Quién no pensó alguna vez que el próximo año iba a ser el año?
Esta habilidad para transformar el discurso íntimo y lo trivializado en hits masivos es lo que le dió solidez a su legado. Las Viudas rompieron el molde al usar su propia experiencia femenina y cotidiana como material digno para hacer rock y pop. En una escena donde el rock nacional se encontraba saturado de egos masculinos, ellas desafinaban. No necesitaron disfrazar sus letras de manifiestos. Lo político estaba en el gesto, en la risa, en el simple hecho de existir genuinamente. Cuarenta años más tarde, siguen sonando como un espejo de la época, un registro sentimental de lo que fuimos y de lo que todavía somos. Mis padres ya no tienen el Gol, y los CDs ya no se usan, pero Viudas mantiene su vigencia y se mantiene atemporal. Esas canciones eran una forma de promesa para la nena que cantaba desde los asientos de atrás. Escucharlas hoy produce algo más que sólo nostalgia: un reconocimiento íntimo, casi corporal, con cuatro mujeres que engañaron al tiempo.