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Adolescentes sin redes en Australia: ¿Adultocentrismo o protección?

Una medida del Gobierno australiano cambió los hábitos de los jóvenes de su país. Nuestro corresponsal Juan Ignacio Caricatto analizó qué impacto puede tener en el resto del mundo.

Uno de los experimentos sociales más grandes e impactantes se va a dar frente a nuestros ojos: el 10 de diciembre de 2025, en Australia todas las redes sociales (como Instagram, X, Facebook o TikTok) requerirán tener una verificación de edad que certifique que sos mayor de 16 años. En caso de no cumplir con esta condición, no podrás utilizar la app. Esto afecta tanto a cuentas existentes como a las próximas en crearse.

La verificación de edad consiste en un sistema de escaneo facial en donde se determina la edad y/o un escáner de un documento de identidad. Muchos dudan de las mismas porque estas pueden llevar a falsos resultados o porque algunos consideran que es muy fácil de evadir.

Sin embargo, la pregunta central es… ¿cuál es la justificación frente a esta disposición?

El gobierno australiano y la eSafety Commissioner (Agencia Independiente del Gobierno Australiano que vela por la seguridad de los usuarios online) lo explican argumentando que, preocupados por los efectos perjudiciales en la salud mental de los jóvenes. El primer ministro Anthony Albanese sostuvo que plataformas como Facebook, Instagram y TikTok pueden favorecer la aparición de problemas como la ansiedad y la depresión en adolescentes.

¿Es acaso esta iniciativa un ejemplo de adultocentrismo?

Muchos jóvenes australianos creen que sí. Tenemos distintos casos en donde los jóvenes se sienten silenciados, poco escuchados y consideran que no se tiene en cuenta su opinión a la hora de definir esta política, entre otras percepciones en las cuales se sienten menospreciados, como múltiples entrevistas hechas por la BBC lo confirman.

Hay casos interesantes como el de Zoey y Ella Lucia, influencers de TikTok australianas, que se expresaron diciendo que este baneo les quita su posibilidad de generar ingresos e inclusive que su propósito y vocación están siendo arrebatados.

Esto demuestra que la regulación, a pesar de tener una buena cara y abogar por la protección de los jóvenes, también genera el efecto contrario. Algunos usuarios de la comunidad LGBTIQ+, en especial aquellos jóvenes de comunidades rurales, sienten que con las redes sociales tenían espacios para mostrarse a sí mismos y que con esta acción se los están quitando.

Varias de estas voces no son escuchadas por los adultos, alegando que si ellos pudieron atravesar la adolescencia sin redes, los jóvenes también podrán. Aunque quizás al principio suene cierto, la realidad es que vivimos en un mundo profundamente conectado gracias a las redes sociales, que son una parte intrínseca de nuestra vida. Estas cumplen un rol fundamental en cómo nos comunicamos, cómo nos reímos, cómo lloramos e inclusive cómo nos enamoramos.

Los jóvenes necesitamos participar en los espacios de toma de decisiones donde este tipo de normativas se implementan, velando por nuestros derechos y abogando por nuestros intereses. Algunos estudiantes de secundaria australianos plantean una alternativa clara: ¿por qué no educar acerca de las redes sociales en vez de prohibir? 

Y esa es la clave: entender que las redes sociales son un arma de doble filo, pero que con una buena educación y acompañamiento pueden utilizarse para un bien mayor.

Por último, hay que entender que la idea de la política no es silenciar a los jóvenes, sino protegerlos, pero termina no cumpliendo cumpliendo esta última meta, ya que cuando la iniciativa se estableció pocas o casi ninguna opinión joven fue considerada, resultando en el alboroto social que está generando.

Esta es una regulación que, en caso de resultar exitosa, podría ser replicada en otros lugares como el Parlamento Europeo, que aprobó el 26 de noviembre una resolución que insta a los Estados miembros a implementar una edad mínima de 16 años para acceder a las redes sociales.

A pesar de que esta resolución no es judicialmente vinculante, representa un paso hacia la creación de una jurisprudencia que evidencia el interés de los gobiernos por avanzar en este tipo de políticas, generando un cambio global en la forma en que los jóvenes interactúan con las redes sociales.

¿Es acaso este el inicio de una nueva era para las redes sociales?