Paz Juarez

Córdoba es mi escenario: irreverente, contradictoria, lúcida. Me habitan la política, la disidencia y esa incomodidad fértil que antecede al cambio. Crecí en una casa partida por dos ideologías, donde cada comida era una asamblea involuntaria. Ahí entendí que la democracia no exige acuerdos, sino la voluntad de quedarse en la conversación, incluso cuando incomoda.
No quiero que nos nombren como una generación extraviada. Nacimos en crisis, aprendimos a habitarla y estamos creando nuevas formas, tensionando lo que parecía dado. Lo que incomoda de nosotros es, quizás, lo más urgente de escuchar.