
En Mendoza todo es grande. Las montañas, el sol y el amor al vino. Yo, me enamoro de lo invisible: lo que siente la gente, cómo miran el mundo. Me mueve la empatía hecha acción y la juventud como voz de cambio. Por eso me involucro en espacios sociales. Busco cambiar la desigualdad que existe, cerrando brechas y abriendo mentes. En síntesis: mis sueños son casi tan grandes como las montañas, y mi compromiso tan fuerte como el amor al vino que caracteriza a mi ciudad.